El Autodromo Nazionale de Monza afronta el Gran Premio de Italia de Fórmula 1 tras un siglo de reformas clave en su trazado original
El Gran Premio de Italia aterriza en Monza con el campeonato en un punto crítico. Y es que, la Fórmula 1 pisa el asfalto del viejo parque lombardo para medirse a su examen de velocidad punta más severo. Además, la cita mantiene vivo el lazo ininterrumpido que une al recinto con las carreras desde hace más de un siglo.
Todo comenzó cuando el Automobile Club de Milán impulsó las obras en enero de 1922 para probar coches de competición y celebrar su aniversario. Más tarde, la pista ingresó en el calendario fundacional del Mundial en 1950 y solo faltó en la edición de 1980 por reformas. Con esto, el autódromo llega a 2026 como una de las plazas con mayor arraigo deportivo del planeta.
Del trazado de 110 días a los primeros choques mortales
Los operarios levantaron el circuito original en apenas 110 días bajo la dirección de Alfredo Rosselli. La pista, que combinaba un sector rutero de 5,5 kilómetros con un anillo de velocidad de 4,5 kilómetros, arrancó sus carreras en septiembre de 1922 como el tercer trazado permanente del mundo tras Brooklands e Indianápolis.
Sin embargo, los coches alcanzaban velocidades extremas que acabaron costando la vida a pilotos como Giuseppe Campari o Baconin Borzacchini. Esos accidentes de 1933 empujaron a los organizadores a meter chicanes y recortar la cuerda a 6,3 kilómetros. Por otro lado, Vincenzo Florio ideó variantes más lentas para contener el empuje de las máquinas en las rectas.
Después, la Segunda Guerra Mundial paralizó los motores y convirtió las instalaciones en un depósito militar de vehículos bélicos. En 1948 arrancó la restauración que levantó el asfalto destrozado en apenas unos meses de trabajo a destajo. En este contexto, el circuito recuperó las carreras y garantizó su presencia fija en el nacimiento de la Fórmula 1.
Peraltes de hormigón, la pérdida de Ascari y cambios modernos
En 1955 los ingenieros Beri y Di Renzo construyeron un nuevo óvalo con peraltes de hormigón al 80% de inclinación. Ese mismo año falleció el bicampeón Alberto Ascari mientras probaba un coche privado en la curva Vialone. Con esto, los gestores reformaron ese tramo y lo rebautizaron con el apellido del ídolo local.
La mítica Parabólica conducía a la recta principal hasta que en 2021 recibió el nombre oficial de Curva Alboreto. No obstante, las gradas siguen usando la designación clásica para nombrar ese último viraje clave. Por su parte, los ajustes en la Variante del Rettifilo y la Roggia fijaron la distancia del trazado en 5,793 kilómetros.
Antes de la carrera de 2024, las máquinas levantaron todo el pavimento para reasfaltar la pista y montar pianos nuevos. También mejoraron el drenaje del agua y perforaron pasos subterráneos para separar a los peatones de los coches de servicio. Así, Monza blindó su homologación ante las exigencias de seguridad de la FIA sin perder su velocidad clásica.
Curvas cerradas, frenos al límite y horarios en España
Y es que, los pilotos aprietan el acelerador a fondo durante el 80% de cada giro al trazado italiano. Además, las once curvas castigan los discos de carbono por culpa de las frenadas secas que cortan rectas de más de 330 km/h. Por tanto, los mecánicos descargan las alas al mínimo para volar en las rectas sin perder el tren trasero.
Para este fin de semana, los entrenamientos libres 1 abrirán la pista el viernes 4 de septiembre a las 12:30 horas en horario peninsular. Esa misma tarde, los coches volverán a rodar a partir de las 16:00 horas en la segunda tanda de ensayos. De este modo, los garajes pulirán los reglajes antes de buscar el tiempo de vuelta del sábado.
La clasificación arrancará el sábado 5 de septiembre a las 16:00 horas con la habitual pelea por los rebufos. El domingo 6 de septiembre se disputará la carrera a 53 vueltas a partir de las 15:00 horas de la tarde. En total serán 306,72 kilómetros de batalla pura donde Michael Schumacher y Lewis Hamilton siguen liderando con cinco victorias cada uno.
