La FIGC apuesta por un giro urgente tras el fallido proceso que involucró a Pirlo
La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) ha decidido mover ficha en plena crisis deportiva e institucional. El organismo confirmó que Roberto Mancini será el nuevo responsable del banquillo de la Azzurra, una elección que llega después de días marcados por tensiones internas, renuncias inesperadas y un proceso de selección que terminó por desbordarse.
El presidente Giovanni Malagò asumió la responsabilidad de acelerar la decisión tras el veto de última hora a Andrea Pirlo, cuya vinculación con una casa de apuestas rusa generó un conflicto inmediato dentro de la federación. La situación provocó la dimisión del director técnico Paolo Maldini y de su asistente Leonardo, apenas dos semanas después de haber sido nombrados.
Con este escenario, la FIGC recurrió a Mancini, que ya dirigió a la selección entre 2018 y 2023. Su regreso se interpreta como un intento de estabilizar un proyecto que atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Italia acumula tres Mundiales consecutivos sin participar y una estructura deportiva que ha cambiado de manos con demasiada frecuencia.
Junto a Mancini, la federación confirmó también la llegada de Claudio Ranieri como nuevo director técnico. Su papel será clave para reconstruir la planificación deportiva tras la salida de Maldini, quien había apostado firmemente por Pirlo como seleccionador.
La FIGC busca ahora cerrar filas y rebajar la tensión generada en los últimos días. El propio Malagò insistió en que la decisión de descartar a Pirlo fue «una cuestión de oportunidad», intentando evitar que el conflicto siga escalando.
La nueva etapa de Italia arranca con urgencias, dudas y un desafío mayúsculo: recuperar la identidad competitiva de una selección histórica que necesita reencontrarse con su camino.
