El Real Oviedo ganó con claridad al Sporting en el Carlos Tartiere, con goles de Chris Ramos y Enzo Pérez, en un derbi marcado por la tensión y la expulsión visitante
El estadio Carlos Tartiere vivió una de esas noches donde el fútbol se convierte en un estado de ánimo colectivo. Ante casi treinta mil espectadores, el derbi asturiano reunió sobre el césped la tensión habitual de un clásico regional con cuentas pendientes en la clasificación.
El Real Oviedo necesitaba canalizar las dudas de su último tropiezo ante una afición dispuesta a apretar desde el primer segundo. Enfrente, un Sporting competitivo intentó gobernar el pulso inicial, pero el guion del partido cambió de lado cuando apenas se consumían los primeros minutos de juego.
El golpe inicial y la resistencia táctica
Un fallo de cálculo en la salida de balón del conjunto gijonés permitió a Chris Ramos adelantarse con absoluta picardía para firmar el primero. Sin embargo, la euforia en la grada se congeló de inmediato al comprobar que el delantero sufría una grave lesión durante la celebración, obligando a recomponer el plan de juego sobre la marcha.
Aquel contratiempo templó los ánimos locales, aunque el equipo supo atar en corto las embestidas de un rival que buscaba el empate a base de orgullo. Con el paso de los minutos, el centro del campo carbayón ganó consistencia para apagar el ímpetu rojiblanco, administrando la ventaja mínima con inteligencia y oficio táctico hasta llegar al descanso.
Sentencia y fiesta en el Tartiere
La reanudación mantuvo el guion de fricción y disputas constantes, con un Sporting volcado en busca de la igualada y un Real Oviedo agazapado a la espera de su oportunidad. A pesar de todo, las opciones visitantes se derrumbaron definitivamente cuando una dura entrada sobre Carlos Domínguez fue castigada con tarjeta roja directa tras la revisión del VAR.
Con superioridad numérica y el viento a favor, el conjunto local gestionó los tiempos con absoluta madurez sobre el césped. Además, la entrada de jugadores de refresco oxigenó al equipo hasta que, a pocos minutos para el final, el joven Enzo Pérez aprovechó los espacios para poner el segundo tanto y desatar la locura colectiva. El pitido final coronó una victoria de mucho peso que devuelve la sonrisa a la parroquia azul.
