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Phoenix Suns: un proyecto que empieza a quedarse atrás en el Oeste

Los Suns han comenzado la temporada con un preocupante balance de 2-5. El irregular rendimiento de Jalen Green, la ausencia de un base organizador y las dudas sobre la profundidad de la plantilla vuelven a poner en cuestión el rumbo de una franquicia que aspira a competir en playoffs


La victoria de Phoenix Suns ante Orlando Magic (117-104) ha servido para romper una racha de cuatro derrotas consecutivas, pero no para despejar las dudas que rodean al equipo de Arizona. Con solo dos triunfos en los primeros siete encuentros de temporada, el equipo entrenado por Jordan Ott esta lejos de ofrecer la imagen que se esperaba de una plantilla construida para dar un paso adelante respecto a la pasada campaña. Además, ambas victorias han llegado frente a rivales que contaban con bajas muy importantes: unos Golden State Warriors sin Stephen Curry ni Draymond Green y unos Magic que visitaron Phoenix sin Paolo Banchero ni Jalen Suggs.

Siendo demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas, el inicio de temporada ha dejado al descubierto problemas que van más allá de los resultados. La irregularidad en la parte ofensiva y el pobre rendimiento en defensa, la dependencia de Devin Booker y una construcción de plantilla que sigue sin resolver determinadas carencias amenazan con dejar a los Suns rezagados en una conferencia oeste donde el nivel de los equipos de media tabla ha subido.

Jalen Green y un problema que va más allá de la anotación

Uno de los principales señalados de este comienzo de temporada es Jalen Green. El escolta, llamado a convertirse en uno de los grandes referentes ofensivos del equipo junto a Booker, está firmando un arranque muy alejado de las expectativas. Sus dificultades para encontrar continuidad, especialmente desde el perímetro, están condicionando un ataque que necesita una segunda amenaza exterior fiable para no depender constantemente de su estrella.

Sin embargo, el problema de Phoenix no se limita al rendimiento individual de Green, sino también a su encaje en la estructura ofensiva. Tanto él como Booker son jugadores acostumbrados a generar ventajas con el balón en sus manos, pero ninguno responde al perfil de base organizador tradicional que el equipo lleva necesitando desde la salida del ya retirado Chris Paul. Booker ha demostrado sobradamente su capacidad para distribuir juego, pero convertirlo en el principal responsable de dirigir el ataque supone alejarlo de lo que mejor sabe hacer: anotar.

Esta carencia ya ha generado debate dentro y fuera de la franquicia. El periodista Chris Haynes informó a finales de octubre de cierto malestar en el vestuario por la ausencia de un director de juego capaz de ordenar el ataque, pese a que el insider que mejor información maneja de los Suns, John Gambadoro, lo desmintió a las pocas horas. Incluso se ha planteado la posibilidad de que Collin Gillespie gane protagonismo en el quinteto titular en detrimento de Green, una alternativa que aportaría mayor organización, aunque tampoco garantizaría solucionar todos los problemas.

En este contexto, el nombre de Jalen Green comienza a aparecer en posibles escenarios de traspaso. No existe una operación confirmada (solo rumores, como un posible intercambio por Dejounte Murray), pero su situación plantea una pregunta importante: ¿debe Phoenix seguir apostando por desarrollar su potencial o explorar un movimiento que permita construir una plantilla más equilibrada? Desprenderse de un jugador de 24 años puede parecer algo precipitado (pese a que mucha gente lo esta pidiendo ya), aunque mantener una apuesta que no ha terminado de cuajar en el año y poco que lleva en el equipo puede terminar de devaluar mucho su valor.

Una profundidad de plantilla que todavía no marca diferencias

Otro de los argumentos que invitaban al optimismo durante la pretemporada era la mayor profundidad de la rotación. La incorporación de Luke Kennard, la llegada de Miles Bridges y la presencia de jugadores como Jordan Goodwin o jugadores de segundo año a los que se les presuponía mayor importancia como Khaman Maluach o Flemings ofrecían alternativas interesantes para acompañar al núcleo principal. Sin embargo, esa variedad de recursos todavía no se ha traducido en una ventaja sostenida sobre sus rivales.

La segunda unidad ha dejado momentos positivos, pero sigue sin ofrecer la regularidad necesaria para compensar las dificultades del quinteto titular. Las lesiones tampoco han ayudado: la ausencia de Mark Williams, el pívot titular, ha limitado las opciones de Jordan Ott y obligado a modificar una rotación que todavía busca estabilidad.

Tampoco conviene olvidar el contexto del proyecto. Phoenix viene de completar una temporada de 45 victorias y alcanzar los playoffs, donde cayó eliminado ante Oklahoma City Thunder en primera ronda. El objetivo de los movimientos realizados durante el verano era mejorar aquel resultado y consolidarse como un equipo competitivo, pero las primeras semanas no han mostrado una evolución evidente. Los Suns siguen teniendo talento, aunque todavía no han demostrado que la suma de sus piezas les convierta en un conjunto mejor.

¿Reconstrucción o un último movimiento para competir?

La situación resulta especialmente delicada por la filosofía de Mat Ishbia. Desde su llegada a la propiedad, el empresario ha mantenido una apuesta decidida por competir inmediatamente (el primer movimiento que hizo como dueño de la franquicia fue hacer un megatraspaso por Kevin Durant), rechazando públicamente la posibilidad de pasar varias temporadas perdiendo partidos para reconstruir a través del draft. Una postura que, además, encuentra respaldo en la complicada situación de las futuras elecciones de Phoenix, cuyo control está condicionado por operaciones anteriores.

Por ello, una reconstrucción tradicional parece poco probable a corto plazo. Sin embargo, si los resultados no mejoran, la franquicia tendrá que valorar hasta qué punto merece la pena continuar realizando movimientos para perseguir un objetivo que cada vez parece más exigente. La alternativa sería apostar por una reestructuración progresiva, priorizando el desarrollo de jugadores jóvenes y la recuperación de flexibilidad deportiva y económica.

Entre ambos extremos aparece una tercera posibilidad, la que más realista parece a día de hoy: esperar a que la plantilla recupere efectivos, evaluar su rendimiento durante las próximas semanas y estudiar un traspaso que responda a una necesidad concreta. Incorporar un verdadero organizador podría liberar a Booker de determinadas responsabilidades y ofrecer mayor claridad a un ataque que todavía depende demasiado de las soluciones individuales.

Los Suns todavía tienen tiempo para reaccionar y encontrar una identidad que les permita volver a mirar hacia los playoffs. La cuestión es si los problemas actuales son simples dificultades de adaptación o síntomas de un proyecto cuyo techo competitivo empieza a quedarse corto.