El francés ha comenzado la temporada demostrando que está destinado a marcar una época en la NBA. Tras alcanzar las Finales la pasada campaña, San Antonio vuelve a aspirar al anillo
Victor Wembanyama está llamado a convertirse en uno de los jugadores más dominantes de la historia del baloncesto. Sus condiciones físicas (prácticamente únicas en su historia) su impacto defensivo y un repertorio ofensivo impropio de alguien de su estatura le convierten en un talento prácticamente irrepetible. Sin embargo, todos los jugadores, incluso los destinados a marcar una época, necesitan evolucionar. Y en el caso del francés, el siguiente paso podría estar en desarrollar un movimiento ofensivo característico, un recurso al que recurrir cuando el talento por sí solo no sea suficiente.
Su última actuación frente a Dallas Mavericks es el mejor ejemplo de barbaridad de nivel. 52 puntos, 24 rebotes y 8 tapones en la victoria de San Antonio por 112-111, firmando una de las exhibiciones individuales más impresionantes de los últimos años. Un registro que ningún jugador había conseguido desde Bob McAdoo en 1974, cuando hablamos de alcanzar al menos 50 puntos, 20 rebotes y 5 tapones en un mismo encuentro.
Pero la temporada de Wemby no ha sido una continua sucesión de actuaciones que dejan con la boca abierta a cualquier espectador. El francés también ha atravesado encuentros en los que su producción ofensiva y su acierto han estado por debajo de lo esperado, una irregularidad que todavía forma parte de su proceso de crecimiento. Precisamente ahí aparece uno de sus mayores desafíos: aprender a dominar los partidos incluso cuando no encuentra su mejor versión.
San Antonio ya sabe lo que es competir por el anillo
Los Spurs son una de las grandes realidades de la NBA. La pasada temporada alcanzaron las Finales después de eliminar a Oklahoma City Thunder en una exigente serie de siete encuentros, demostrando que su proyecto estaba preparado para competir contra los mejores. Aunque terminaron cayendo ante los New York Knicks por 4-1, aquella experiencia confirmó que San Antonio había regresado definitivamente a la élite de la competición.
Con jugadores jóvenes con proyección de estrellas de la liga como Stephon Castle y Dylan Harper acompañando a Wembanyama, los texanos cuentan con una plantilla de enorme talento y una base consolidada para volver a luchar por el campeonato. Su inicio de temporada, con un balance de 6-2 (las seis victorias de manera consecutiva) refuerza las aspiraciones de un equipo cuyo objetivo no debe ser otro que regresar a las Finales y conquistar el anillo que se escapó la pasada campaña.
En este contexto, la evolución individual de Wembanyama adquiere todavía mayor importancia. El francés ya ha demostrado que puede liderar a un equipo hasta las Finales de la NBA, pero ahora debe encontrar las herramientas que le permitan marcar diferencias de manera constante en los momentos más importantes de toda la temporada. San Antonio tiene argumentos para ganar el campeonato y buena parte de sus posibilidades pasan por la capacidad de su estrella para seguir perfeccionando su juego.
El movimiento que puede convertirlo en imparable
Michael Jordan convirtió su fadeaway en una de las armas más reconocibles de la historia, Dirk Nowitzki perfeccionó su lanzamiento a una pierna hasta hacerlo prácticamente imposible de defender, Kevin Durant haciendo de la suspensión de media distancia una solución ofensiva extraordinariamente fiable… Todos ellos (y muchas leyendas del baloncesto) tenían un recurso que podían ejecutar una y otra vez, incluso cuando el defensor sabía perfectamente lo que iba a suceder.
Wembanyama todavía está desarrollando esa herramienta definitiva. Su altura y coordinación le permiten finalizar cerca del aro, lanzar desde el perímetro o atacar tras bote, pero esa variedad no siempre se traduce en la eficiencia necesaria para resolver las posesiones más complicadas. Su exhibición ante Dallas dejó un detalle especialmente interesante. Pese a terminar con 52 puntos, el francés únicamente convirtió uno de sus ocho intentos desde el triple. Sin embargo, encontró otras formas de dominar, especialmente cerca de la canasta y desde la línea de tiros libres, donde anotó 19 de sus 23 lanzamientos.
El siguiente paso podría estar en perfeccionar una suspensión desde el poste alto o un fadeaway de media distancia que aproveche su enorme ventaja física. Un lanzamiento que no dependa tanto del acierto exterior y que pueda ejecutar con regularidad cuando las defensas cierren la pintura. Con su altura y punto de liberación, un recurso de estas características sería extremadamente difícil de contestar.
De subcampeón a campeón: el siguiente desafío
Con apenas 22 años, Wembanyama ya ha conseguido algo que muchas estrellas no alcanzan en toda su carrera: disputar unas Finales de la NBA como principal referencia de su equipo. Su impacto defensivo le sitúa entre los jugadores más determinantes de la competición, con la capacidad de ganar año tras año el premio a mejor defensor del año, y su potencial ofensivo parece prácticamente ilimitado. Sin embargo, el siguiente paso hacia la grandeza consiste en transformar ese dominio en la regularidad necesaria para conquistar campeonatos.
San Antonio ya ha demostrado que tiene plantilla, talento y ha acumulado la experiencia necesaria para pelear por el título. Ahora, con la exigencia de un equipo que sabe lo que significa quedarse a las puertas del campeonato, Wembanyama afronta el reto de seguir perfeccionando los pequeños detalles que pueden marcar la diferencia en una eliminatoria por el anillo.
