El concurso general determinó la princesa de Europa. En seguida todos los resultados
El All‑Around de los Campeonatos Europeos de Gimnasia Rítmica 2026 dejó en Varna una de esas finales que se recuerdan durante años. No solo por el nivel técnico, que rozó lo inverosímil, sino por la tensión competitiva que se respiró desde las clasificaciones hasta el último giro de cinta. Europa vive un momento dorado en la rítmica, y este campeonato lo confirmó con una claridad casi poética.
La ronda clasificatoria

Las clasificatorias ya habían encendido todas las alarmas: Darja Varfolomeev y Sofia Raffaeli empataron en lo más alto con 87.300 puntos, mientras que Stiliana Nikolova se quedó a un suspiro, apenas una décima por detrás. Tres estilos, tres escuelas y tres formas de entender la gimnasia se alineaban para una final que prometía ser un duelo de titanes. Detrás, un grupo compacto: Munits, Ilteriakova, Harnasko, Brezalieva, Bautista, que demostraba que el nivel medio del continente no deja de crecer. España celebraba especialmente la clasificación de Alba Bautista, que con 84.650 se metía entre las ocho mejores de Europa tras un año de reconstrucción personal y deportiva.
La final y la coronación
La final, sin embargo, tuvo un nombre propio: Darja Varfolomeev. La alemana desplegó un concurso casi quirúrgico, sin fisuras, sin temblores, sin un solo gesto que no estuviera medido al milímetro. Su total de 120.150 puntos fue la culminación de un recorrido impecable: un aro de 13.8 en dificultad, una pelota precisa, unas mazas de 14.6 que arrancaron ovaciones y una cinta final que selló su reinado. Varfolomeev no solo ganó: impuso una forma de entender la gimnasia que combina riesgo extremo con una serenidad escénica que parece imposible a su edad.
La plata fue para Stiliana Nikolova, que firmó un concurso de enorme regularidad y terminó con 118.750 puntos. La búlgara, arropada por el público local, mantuvo la presión sobre Varfolomeev hasta el último aparato, especialmente gracias a su brillante ejercicio de pelota y a unas mazas que rozaron la perfección. Su crecimiento competitivo la consolida como la gran rival de la alemana en el ciclo europeo.
El bronce viajó a Ucrania gracias a Taisiia Onofriichuk, que completó un All‑Around de enorme madurez con 117.150 puntos. Su cinta final, llena de musicalidad y control, fue uno de los momentos más celebrados de la tarde.
Italia, por su parte, colocó a dos gimnastas en el Top 8: Tara Dragas (113.750) y una Sofia Raffaeli que, pese a una final menos estable que su clasificación, mantuvo su sello de calidad con 113.150.

España cerró la jornada con una sensación de orgullo. Alba Bautista, que venía de un año marcado por lesiones y recuperación, volvió a demostrar que pertenece a la élite continental. Su clasificación para la final y su actuación sólida en los cuatro aparatos confirman que su regreso no es solo físico, sino también emocional y artístico.
El Europeo de Varna deja una conclusión clara: la rítmica europea vive un momento de esplendor. Varfolomeev domina, sí, pero Nikolova, Onofriichuk, Raffaeli, Ilteriakova y un largo etcétera conforman una generación que empuja con fuerza. Y en medio de ellas, España vuelve a tener una voz propia.
