Los indálicos superan al Castellón en una noche de infarto y sellan un pase que va mucho más allá de lo deportivo
El Almería está en la final del playoff de ascenso a Primera División. Los indálicos vencieron al Castellón en el Power Horse Stadium e hicieron valer el empate de la ida, con un 3-2 en la vuelta que supone un 4-3 en el global. No fue fácil. Nunca lo es en estos lances del playoff, donde los nervios y la presión convierten cada balón en un drama y cada minuto en una eternidad.
El guion del partido pareció inicialmente favorable a los locales. Embarba abrió el marcador y puso al Almería con ventaja, en una primera parte donde los rojiblancos controlaron el ritmo del encuentro con la seguridad de quien sabe que tiene el global a su favor. Pero el Castellón nunca renunció a dar la sorpresa. Calatrava y Sienra dieron la vuelta al marcador para los visitantes, sumiendo el estadio en un silencio sepulcral y poniendo la eliminatoria del revés. El fantasma de la prórroga, y quizás de la eliminación, sobrevoló el Power Horse durante un buen rato. Fue entonces cuando apareció la épica. Álex Muñoz y Dzodic, este último con un cabezazo en el tiempo añadido, evitaron la prórroga y devolvieron la clasificación a Almería. El estadio estalló. Meses de sufrimiento, de liga regular intensa y de nervios acumulados se disolvieron en un instante de euforia.
Pero la trascendencia de esta clasificación va mucho más allá de noventa minutos de fútbol. Hay clasificaciones que saben a alivio más que a alegría, y la de este martes tiene mucho de las dos cosas, porque el Almería llega a esta final cargando el peso de dos años de Segunda División y unas cuentas que exigen, con urgencia, el regreso a la élite.
Cuando Turki Al-Sheikh tomó las riendas del club en 2019, el presupuesto era de 20 millones de euros. Lo que vino después fue una escalada sin precedentes. En el año del ascenso, 2022, el presupuesto escaló hasta los 43 millones, disparándose después en Primera hasta los 89 y 90 millones en las dos temporadas en la élite. Una apuesta colosal para un club que, sin embargo, no encontró el modo de sobrevivir en la máxima categoría. El descenso consumado en abril de 2024 no fue solo un golpe deportivo, sino también financiero. En esa campaña el Almería había presupuestado 90 millones de ingresos, la cifra más alta desde su fundación, y sin embargo consumó la caída sin apenas ganar partidos. Las consecuencias fueron devastadoras, el cierre de cuentas dejó pérdidas cercanas a los 40 millones de euros. El nuevo propietario, Mohammed Al-Khereiji, tuvo que aportar alrededor de 30 millones de euros para cubrir el agujero generado en el último ejercicio.
En la final, el Almería se medirá al ganador del Málaga-Las Palmas. Cualquiera de los dos rivales promete una eliminatoria de máximo atractivo. Pero lo que está en juego esta vez no es solo un trofeo ni un puesto en la tabla. Para el Almería, volver a Primera no es una ambición deportiva, es una necesidad de supervivencia financiera. Esta noche, el cabezazo de Dzodic en el añadido no solo evitó la prórroga. Compró, también, una última oportunidad.
