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Los de Roberto Martínez empatan 1-1 con una RD Congo que se cerró atrás y golpeó al filo del descanso


Portugal arrancó su Mundial con más dudas que certezas. El 1-1 ante RD Congo, una selección que volvía a una Copa del Mundo 52 años después, dejó una sensación incómoda: el equipo de Roberto Martínez choca una y otra vez contra su propia idea de juego.

El problema se intuía ya en el once inicial. Vitinha, João Neves, Bruno Fernandes, Bernardo Silva y el propio Cristiano piden todos el balón al pie. Son futbolistas de enorme calidad, pero juntos se pisan. Cuando el rival se encierra, como hizo el Congo con su bloque bajo, hace falta alguien que ataque el espacio, que corra a la espalda de la defensa, que rompa la línea. Portugal no lo tuvo. Por eso acumuló posesión —rozó el 80% en la primera parte— y cientos de pases, pero apenas inquietó al portero rival. Mucho toque y poca profundidad.

El gol madrugador engañó a todos. A los seis minutos, Pedro Neto colgó un centro y João Neves remató de cabeza el 1-0. Parecía el principio de una goleada. No lo fue. El Congo no se asustó, fue creciendo y, en la última jugada del primer tiempo, Yoane Wissa cabeceó a placer un córner mal defendido. Era el empate y, además, el primer gol de la historia del país en un Mundial.

Capítulo aparte merece Cristiano Ronaldo. Se le vio muy lejos de su mejor versión: sin chispa, sin un remate claro en toda la primera mitad y con un disparo fuera como único apunte. A sus 41 años, fue más noticia por los récords que por lo que aportó sobre el césped.

La segunda parte mejoró con la entrada de Francisco Conceição por Bernardo Silva. El extremo le dio al equipo lo que no tenía: desborde, velocidad y verticalidad por la banda. Generó un par de ocasiones, forzó al Congo a retroceder e incluso dejó una galopada para Cristiano que acabó en fuera de juego. Hubo intención, pero no premio.

Enfrente, Wissa firmó un partidazo. El delantero del Newcastle no solo marcó: incomodó a la defensa, buscó siempre el hueco y tiró de un equipo valiente que se marchó de Houston con un punto histórico.

Portugal, una de las favoritas, se va con una lección clara. De poco sirve tanto talento si nadie corre hacia delante.