Después de una temporada para olvidar, Memphis ha sorprendido a toda la NBA con seis victorias en sus primeros siete partidos. Cameron Boozer y Ty Jerome lideran un proyecto que ilusiona, aunque todavía tiene mucho que demostrar en una Conferencia Oeste extremadamente exigente


Los Memphis Grizzlies se han convertido en una de las grandes sorpresas de este inicio de temporada 2026-27. Después de cerrar el curso anterior con un decepcionante balance de 25 victorias y 57 derrotas, la franquicia de Tennessee ha arrancado con un inesperado 6-1, llegando a encadenar seis triunfos consecutivos antes de caer ante New Orleans Pelicans en la prórroga (134-135). Un comienzo que pocos podían anticipar y que ha devuelto la ilusión a un equipo inmerso en una profunda reconstrucción.

La salida de un Ja Morant quemado en la franquicia después de varios líos este verano dirección Portland, un Desmond Bane que salió traspasado a los Magic el verano pasado y la de Jaren Jackson Jr rumbo a Utah en el deadline de la temporada pasada marcó el final de una etapa en Memphis, pero también abrió la puerta a un proyecto diferente, con nuevas responsabilidades y una identidad todavía en construcción.
Bajo la dirección de Tuomas Iisalo, los Grizzlies han encontrado una fórmula que combina juventud, intensidad y un ataque capaz de superar los 120 puntos por encuentro. Sin embargo, buena parte de este sorprendente rendimiento se explica por dos nombres propios: Cameron Boozer y Ty Jerome.

Cameron Boozer: el rookie menos rookie de la camada

La elección de Cameron Boozer con el número tres del Draft de 2026 fue una de las decisiones más importantes del nuevo proyecto de Memphis. Por delante salieron AJ Dybantsa y Darryn Peterson, dos jugadores con un potencial de superestrella total, pero el jugador formado en Duke llegaba a la NBA con una característica que le diferenciaba de buena parte de su generación: era considerado uno de los prospectos más preparados para rendir desde el primer día, con uno de los suelos competitivos más altos de toda la promoción.

Su fortaleza física e inteligencia del juego, su capacidad para generar y su sorprendente madurez sobre la pista hacían pensar que su adaptación sería relativamente rápida. Y, de momento, las expectativas se están cumpliendo. Boozer promedia 17,7 puntos, 10,3 rebotes y 5,6 asistencias en sus primeros siete encuentros, unos números extraordinarios para un jugador de apenas 19 años que ya tiene responsabilidades importantes en el ataque de los Grizzlies.
Más allá de las estadísticas, lo verdaderamente interesante es su influencia en el juego colectivo. Boozer no necesita monopolizar el balón para generar ventajas, sabe encontrar compañeros liberados y aporta una presencia física fundamental cerca del aro. Su primer triple-doble, conseguido ante Portland con 18 puntos, 11 rebotes y 12 asistencias, fue una demostración de esa versatilidad. Además, sus 27 puntos frente a Sacramento confirmaron que también puede asumir protagonismo anotador cuando el equipo lo necesita.

Ty Jerome: una explosión que nadie esperaba

Si el rendimiento de Boozer podía anticiparse, lo de Ty Jerome resulta mucho más sorprendente. El base de 29 años ya había demostrado durante su trayectoria que era un jugador inteligente, con buena lectura ofensiva, capacidad de tiro y recursos para dirigir a un equipo. Sin embargo, pocos podían imaginar que comenzaría la temporada ofreciendo actuaciones propias de una estrella de la NBA.

Jerome está firmando unos espectaculares 28,2 puntos y 5,7 asistencias por partido en sus seis encuentros disputados. Su carta de presentación fue prácticamente inmejorable: 45 puntos frente a Utah Jazz en la jornada inaugural, estableciendo un récord anotador de la franquicia en un partido de apertura de temporada. Una exhibición que no quedó en un hecho aislado. Ante Sacramento volvió a superar la treintena y, en la reciente derrota contra New Orleans, firmó 40 puntos para mantener con vida a Memphis hasta los últimos segundo.

Lo llamativo no es únicamente su producción (que lógicamente también), sino la naturalidad con la que ha asumido un protagonismo ofensivo muy superior al que había tenido anteriormente durante su carrera, siendo más de un gran sexto hombre como demostró en su paso por los Cavs. Jerome está aprovechando su oportunidad para convertirse en una de las referencias del equipo, aunque resulta difícil imaginar que pueda sostener semejante promedio anotador durante toda la temporada.

Un inicio ilusionante, pero con los pies en el suelo

El 6-1 de Memphis merece reconocimiento, especialmente teniendo en cuenta el punto de partida de la franquicia. El crecimiento de Boozer, la explosión de Jerome y las aportaciones de jugadores como Cedric Coward o Zach Edey han permitido construir un equipo competitivo mucho antes de lo previsto. Sin embargo, conviene interpretar estos resultados con una mayor perspectiva.

La temporada regular apenas acaba de comenzar y el calendario todavía tiene que poner a prueba la verdadera consistencia de los Grizzlies. Algunas de sus victorias han llegado frente a rivales de poca monta, como los Kings por partida doble, y la reciente derrota ante New Orleans ha demostrado que siguen existiendo debilidades, especialmente cuando el rival consigue imponer su superioridad física en determinadas fases del encuentro.

En ese escenario, pelear por una plaza en el play-in parece un objetivo realista, mientras que conseguir una clasificación directa para los playoffs supondría una de las grandes sorpresas de la temporada. Pero eso no resta mérito a lo conseguido. Memphis ha pasado de afrontar una reconstrucción llena de incógnitas a encontrar motivos reales para ilusionarse con su futuro.

Boozer está confirmando las expectativas que generó su llegada a la liga y Jerome está protagonizando uno de los comienzos individuales más inesperados de la competición. Puede que los Grizzlies terminen desinflándose, pero estas primeras semanas ya han demostrado que su nuevo proyecto tiene argumentos interesantes sobre los que construir.