Tras consumarse el descenso, el conjunto carbayón inicia una profunda reestructuración deportiva sin la presencia de Santi Cazorla sobre el terreno de juego
El Real Oviedo ya trabaja a contrarreloj para digerir el golpe del descenso y construir un proyecto competitivo en Segunda División. Es por eso que la planta noble del Carlos Tartiere ha decidido agitar el árbol de arriba abajo, conscientes de que la categoría de plata no perdona a los clubes que se quedan anclados en el lamento.
La hoja de ruta actual combina savia nueva en el césped con un cuerpo técnico que conoce al dedillo los barrizales de la división. Ahora, el reto prioritario no es otro que armar un bloque con el colmillo lo bastante afilado como para asomar la cabeza por la zona noble de la tabla desde las primeras jornadas.
El nuevo timón de Julián Calero y el adiós de una leyenda
El encargado de liderar esta reconstrucción desde el banquillo es Julián Calero, un viejo conocido de la casa que firma hasta junio de 2027. El técnico madrileño asume el mando con la exigencia de dotar de una identidad competitiva muy marcada a un grupo obligado a reinventarse tras la pérdida de la categoría.
Las sesiones de trabajo ya han arrancado en el Requexón con una intensidad alta en el plano físico y los primeros esbozos tácticos. Calero desembarca en tierras asturianas con su cuerpo técnico de confianza, priorizando el orden defensivo y la presión asfixiante como pilares innegociables del nuevo libreto azul.
La mala noticia para el oviedismo es que esta nueva etapa nace huérfana de su gran símbolo sobre el verde, el centrocampista Santi Cazorla. El genio de Lugo de Llanera ha decidido colgar las botas de forma definitiva tras cumplir el sueño de regresar al club de su vida y defender el escudo en las últimas campañas.
Desde las oficinas ya han dejado claro que el asturiano tendrá el sitio que desee dentro de la estructura institucional de la entidad. Sin su magia en la medular, el Real Oviedo pierde un seguro de vida en el vestuario, delegando ahora el liderazgo en el bloque colectivo que diseña la dirección deportiva.
Juventud y polivalencia para reforzar la estructura del primer equipo
Los despachos del conjunto carbayón no han perdido el tiempo y ya han cerrado varias incorporaciones de perfil joven y con hambre de minutos. En la delantera destaca la apuesta por Alexandru Ișfan, atacante internacional zurdo que se compromete con la entidad azul hasta el verano de 2028.
El futbolista rumano llega procedente del Farul Constanța tras firmar unos registros notables en su país con once dianas y cuatro pases de gol. Para apuntalar esa misma demarcación también se ha reclutado a Víctor Mingo, un ariete madrileño de mucha envergadura que viene de cuajar un gran año en Primera Federación.
La sala de máquinas y la retaguardia tampoco se han quedado atrás en este remozado lavado de cara estival. Nombres como el pivote Aritz Aldasoro o el lateral Samu Rodríguez aportan piernas frescas y soluciones tácticas para un Calero que exige dinamismo puro en los costados.
Por contra, la zaga pierde peso específico tras confirmarse la salida de Oier Luengo, quien pone rumbo al Burgos de forma definitiva mediante un traspaso. De este modo, el Real Oviedo equilibra sus líneas para afrontar un año que se prevé largo, duro y muy exigente en la división de plata.
