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Bélgica y el ocaso de una generación: los Diablos Rojos empatan ante Irán y huelen a despedida

Los Ángeles, 21 de junio. El marcador del SoFi Stadium no necesitaba letras para contar la historia. Bélgica no pudo romper el muro iraní y empató 0-0 en la jornada 2 del Grupo G


Este resultado complica seriamente su clasificación y deja al equipo de Rudi García con serias dudas de cara a la última jornada. Pero más allá de los números, lo que quedó sobre el césped californiano fue algo más difícil de cuantificar: la imagen de una generación que parece estar jugando su funeral por entregas.

Los Diablos Rojos generaron 15 remates, cinco entre los tres palos, y contaron con Kevin De Bruyne como motor ofensivo. Sin embargo, se toparon con un bloque iraní ordenado y un arquero, Alireza Beiranvand, que resolvió cada vez que el peligro fue real. Eso, en un partido que Bélgica tenía la obligación de ganar, dice mucho. No de Irán, sino de ellos mismos.

El problema de los Diablos Rojos no es nuevo. Desde 2014, entre Mundiales y Eurocopas, la mejor generación belga desde el tercer puesto de México ’86 ha rozado el gran resultado en varias ocasiones sin terminar de coronarlo. Ahora, con De Bruyne con 34 años, Courtois también con 34, Lukaku con 33 o Meunier con 34, el tiempo ya no ofrece más emplazamientos. Este es el último baile, y se nota en cada jugada.

Lukaku recibió una amarilla a los cuatro minutos, condicionando al equipo desde el arranque. Después, espaldas a portería, lento, incapaz de generar el desequilibrio que se espera del máximo goleador histórico de su selección. De Bruyne tiró de galones durante 85 minutos sin encontrar el hueco. Courtois salvó lo suyo, pero tuvo que ver cómo la expulsión de Nathan Ngoy en el minuto 68 dejaba al equipo con diez hombres, regalando al rival la superioridad numérica que Bélgica necesitaba para sí.

Rudi García sigue sin encontrar el once ni el plan que dé coherencia a tanto talento individual. El 4-2-3-1 de manual no convence, los cambios llegan tarde y la sensación desde fuera es que tampoco desde dentro nadie cree del todo. En Qatar 2022 ya cayeron en fase de grupos pese a llegar como una de las plantillas más talentosas del torneo. El fantasma de aquella eliminación sigue rondando.

Bélgica tiene una última bala frente a Nueva Zelanda. Puede que pasen. Puede que no. Pero lo que ya no tiene remedio es la otra derrota, la que no aparece en ningún marcador: la de una generación dorada que se marcha sin título y con la sensación de haber sido, durante demasiado tiempo, la gran promesa que nunca cumplió.