La Tricolor volvió a decepcionar y aumentan las dudas sobre Beccacece, el proyecto deportivo y el futuro de una generación llamada a hacer historia
La selección ecuatoriana, está atravesando un momento que ni el planeta fútbol ni los propios ecuatorianos logran entender. Porque resulta difícil explicar cómo una generación llena de futbolistas que compiten en la élite mundial puede mostrar tan poco dentro de la cancha.
Y es así como Ecuador salió al campo de juego en un encuentro que, sobre el papel, era ganable ante una selección de Curazao que llegaba golpeada tras ser goleada por Alemania.
Pero desde el primer minuto volvió a quedar en evidencia algo que hemos visto durante todo el proceso de Sebastián Beccacece: la falta de una idea clara de juego. Es una mediocridad futbolística impropia para una generación que cuenta con jugadores en las mejores ligas del planeta y que, aun así, no fue capaz de imponerse ante una selección donde gran parte de sus futbolistas militan en categorías inferiores.
Porque la pregunta es inevitable: ¿de qué sirve tener una de las mejores defensas de Sudamérica, con nombres como William Pacho y Piero Hincapié, si adelante no existe una estructura ofensiva, una identidad de juego ni una idea clara para atacar?
Lo dijo incluso Alex Aguinaga en una entrevista posterior al encuentro, calificando a Ecuador como un equipo «inoperante» e ineficaz.
Y la realidad es que cuesta llevarle la contraria. Porque el sueño sigue vivo y matemáticamente todavía existen posibilidades ante Alemania. Pero esta forma de jugar ya no ilusiona al pueblo ecuatoriano. Muchos sentimos impotencia al ver una selección fría, sin reacción y sin respuestas.
Y también es inevitable hablar de Enner Valencia. Nadie discute que es el máximo goleador de la historia de Ecuador ni todo lo que le ha dado a la camiseta tricolor. Pero también es cierto que en este Mundial ha desperdiciado ocasiones claras que pudieron cambiar la historia de los partidos.
Y si analizamos los números más allá de la emoción, encontramos un dato que muchos ponen sobre la mesa: gran parte de sus goles llegaron en encuentros amistosos, mientras que delanteros como Carlos Tenorio o Agustín Delgado construyeron gran parte de sus registros en competiciones oficiales y momentos decisivos.
Por eso cada vez son más quienes consideran que este Mundial podría marcar el final de su ciclo con la Selección.
Pero el problema va mucho más allá de un jugador.
Lo que antes parecía un rumor hoy se refleja dentro de la cancha.
Existe la sensación de que nuestro entrenador y nuestra federación toman decisiones alejadas de lo que realmente necesita la Selección.
Se insiste con futbolistas que no atraviesan su mejor momento y se realizan cambios que, en lugar de solucionar los problemas, terminan agravándolos.
Ahí aparece otro nombre que genera debate.
¿Cómo es posible que Jordy Caicedo, goleador en el fútbol argentino, tenga tan pocas oportunidades mientras se insiste con Kevin Rodríguez, un delantero que todavía no ha demostrado de forma consistente estar a la altura de lo que exige la Selección?
Son preguntas que cada vez se hacen más ecuatorianos. Porque esta generación parecía destinada a convertir a Ecuador en una potencia sudamericana. Y sin embargo, la sensación es que hemos retrocedido.
También es evidente que el problema no solo está en el banquillo. Ecuador necesita una renovación ofensiva, nuevos nombres y un proyecto que piense más allá de este Mundial.
Tenemos cuatro años por delante para trabajar pensando en 2030. Cuatro años para corregir errores. Cuatro años para evitar que una generación irrepetible termine siendo recordada como una oportunidad perdida.
Porque lo más preocupante no es quedar eliminados. Lo más preocupante es sentir que estamos desperdiciando futbolistas que otros países soñarían tener. Y todo por decisiones dirigenciales, intereses particulares y una planificación que parece pensar más en vender jugadores que en construir una selección competitiva.
Ya es hora de cambios, de asumir responsabilidades. Porque los Mundiales pasan, pero las generaciones coon buenos jugadores no vuelven dos veces.
