El conjunto rojiblanco cierra un curso de máxima exigencia marcado por la falta de títulos y los goles de Julián Álvarez
El Atlético de Madrid despide una temporada de transiciones, pasiones y un desgaste físico evidente en todas las competiciones. El proyecto deportivo buscó consolidar su posición en la élite continental a través de un calendario extenuante que puso a prueba la resistencia de la plantilla. En este escenario, el cuerpo técnico liderado por Diego Pablo Simeone tuvo que gestionar momentos de máxima brillantez con baches de rendimiento notables.
La regularidad en el campeonato doméstico y las noches de épica europea volvieron a marcar el ritmo cotidiano de la afición metropolitana. Sin embargo, la línea entre el éxito y la decepción competitiva resultó sumamente delgada en los momentos cruciales del año. Este equilibrio inestable define a la perfección un ciclo donde el club compitió con orgullo, pero se quedó a las puertas de levantar trofeos.
Las luces y sombras en los torneos del KO
Las competiciones de eliminación directa ofrecieron una montaña de emociones para la entidad madrileña durante el invierno y la primavera. En la Copa del Rey, el equipo completó actuaciones soberbias, incluyendo una goleada contundente ante el Betis y un triunfo inapelable frente al Barcelona. Por desgracia, el sueño copero se truncó de la forma más cruel en la tanda de penaltis de la final frente a la Real Sociedad.
Antoine Griezmann lideró el apartado anotador en el torneo copero, apoyado por la visión de Nahuel Molina en la faceta de asistente. De forma paralela, la travesía en la Champions League regaló noches memorables con noches de mérito en las eliminatorias contra el Brujas y el Tottenham. El cruce de cuartos de final ante el Barcelona reactivó las esperanzas continentales, aunque las semifinales marcaron el límite definitivo del grupo.
Sin embargo, la eliminación europea ante el Arsenal privó a los rojiblancos de la ansiada final, evidenciando el altísimo nivel de los rivales ingleses. A pesar del golpe anímico, el rendimiento global del equipo en Europa devolvió al club al primer plano de la actualidad internacional. La exigencia de estos torneos obligó a exprimir al máximo a futbolistas como Juan Musso, el guardameta con más presencia en la Copa.
La regularidad liguera y las certezas del once
El torneo de la regularidad dictó sentencia con una cuarta posición que asegura la presencia del club en la próxima Champions League. Los 69 puntos sumados en las 38 jornadas son el reflejo de un equipo sólido en casa, pero vulnerable en los desplazamientos. Con un balance de 21 victorias y 11 derrotas, el grupo cumplió el objetivo mínimo institucional para garantizar la estabilidad financiera.
En el plano individual, Alexander Sørloth se alzó como el principal referente ofensivo en el campeonato con un total de 13 dianas. Por su parte, Giuliano Simeone emergió como una de las grandes noticias del año gracias a sus seis asistencias desde la banda. En la portería, Jan Oblak volvió a ser la pieza insustituible del esquema, acumulando la cifra de 2.700 minutos sobre el césped.
Finalmente, el balance global de 61 compromisos oficiales arroja una media notable de 1.85 goles por partido a favor de los madrileños. La cruz de la moneda se localiza en la parcela defensiva, donde los 81 tantos encajados supusieron un lastre excesivo. Al final, la estructura formada por nombres como Pubill, Barrios y Julián Álvarez sienta las bases del futuro a corto plazo.
