BREAKING

El comunicado del Real Madrid por Julián Álvarez deja más preguntas que respuestas sobre las intenciones reales de Florentino Pérez


El Real Madrid hizo oficial ayer lo que llevaba días siendo un secreto a voces: una oferta de 150 millones de euros al Atlético de Madrid por los derechos federativos de Julián Álvarez. La noticia sacudió el mercado de fichajes, pero la sorpresa no vino tanto de la cifra como del contexto que la rodea.

Días atrás, inmerso todavía en plena campaña electoral, Florentino Pérez lanzó una promesa en el programa Horizonte de Iker Jiménez: «El martes haremos una oferta por un jugador que sería la mayor cantidad de dinero que el Real Madrid pagaría por un traspaso en toda su historia. No es Haaland, no es Olise, no es Kane, no es Doku… no juega en la Premier. Por lo menos, ofreceremos 150 millones de euros y es de nivel galáctico total.» Dicho y hecho. Ganadas las elecciones, el comunicado llegó puntual como un reloj.

El problema es que cumplir una promesa electoral enviando una oferta que todo el mundo sabe de antemano que será rechazada se parece más a un truco que a una política deportiva seria. La cláusula de rescisión de Álvarez está fijada en 500 millones de euros, una cifra que convierte los 150 millones ofertados en poco más que un gesto simbólico. Los socios que votaron a Florentino merecían algo más que una operación de imagen envuelta en comunicado oficial.

Hay, además, una segunda lectura que no conviene ignorar. El Barcelona lleva semanas sobrevolando el nombre de Julián, y desde Cataluña apuntan a que el club culé estaría dispuesto a ofrecer alrededor de 100 millones de euros por el delantero argentino. Al hacer pública una oferta de 150 millones, el Real Madrid coloca el suelo del mercado muy por encima de lo que el Barça tenía pensado gastar. Es una jugada de ajedrez: no comprar al jugador, pero encarecer su precio para el rival. Florentino, que conoce este juego como nadie, lo sabe perfectamente.

El Atlético, por su parte, no tardó en responder y lo hizo a su manera, con ironía. El club rojiblanco retuiteó el comunicado merengue acompañado únicamente de una ristra de emojis de carcajadas. Después llegó el texto en forma de contracomunicado. «Ni estudiamos ni valoramos ninguna oferta por Julián«, escribieron, desmintiendo la versión del Real Madrid, que aseguraba que el Atlético había «agradecido» y «valorado» la propuesta. «Cómo no nos vamos a llevar bien, si nos hacéis reír aún más que el Barcelona«, añadieron, antes de lanzar una pulla final al nuevo presidente merengue: que deje de «robar» jugadores de la cantera rojiblanca.

La postura del Atlético es clara: no tiene la menor intención de vender a Julián, blindado con contrato hasta 2030 y una cláusula prácticamente inalcanzable. El hecho de que el comprador sea el eterno rival de ciudad no hace sino reforzar esa determinación.

Al final del día, el Real Madrid presentó una oferta que no podía prosperar, cumplió una promesa electoral que no comprometía nada, y probablemente encareció al jugador que más desea su máximo competidor. Táctica política, táctica de mercado o ambas a la vez, Florentino Pérez consiguió protagonismo sin gastar un euro. El Atlético, en cambio, se quedó con la última carcajada.