El cuadro torero cuestionó las garantías de seguridad tras el ataque a su bus, pero terminó jugando para evitar una sanción deportiva
Hay clásicos que se recuerdan por los goles, otros por las remontadas y algunos por las celebraciones; y después está este Clásico del Astillero. La edición 239 estuvo cerca de no disputarse. La previa quedó marcada por el ataque que sufrió el bus de Barcelona SC en su llegada al estadio George Capwell, un hecho que obligó a retrasar el compromiso durante una hora y que sembró incertidumbre sobre la realización del encuentro.
Durante varios minutos, la posibilidad de que el cuadro torero no se presentara fue real. Desde la delegación amarilla existía preocupación por las garantías de seguridad tras los incidentes ocurridos antes del partido. Sin embargo, una ausencia habría significado perder los tres puntos en mesa, situación que terminó obligando a Barcelona a disputar el compromiso.
La intervención del ministro del Interior, John Reimberg , fue determinante para que el partido finalmente pudiera jugarse.
Pero cuando el balón comenzó a rodar, la sensación fue que toda la tensión de la previa terminó pesando más que el propio espectáculo.
Emelec y Barcelona SC igualaron 0-0 en un encuentro intenso, friccionado y con pocas ocasiones claras de gol. A eso se sumó otro factor que fue motivo de críticas durante la nocho; el estado del césped del Capwell, que en varios pasajes dificultó el desarrollo normal del juego y estuvo lejos de lucir a la altura de un partido de esta magnitud.
A pesar de la falta de goles, la noche dejó algunas novedades en el cuadro amarillo. El extremo Erick Mendoza tuvo su debut oficial con la camiseta de Barcelona SC, mientras que Darío Benedetto volvió a sumar minutos tras ingresar en el segundo tiempo, en una de las noticias más positivas para el conjunto canario.
En lo deportivo, el empate tuvo lecturas diferentes para ambos equipos. Barcelona dejó escapar una oportunidad importante de aprovechar el empate de Liga de Quito para seguir en el segundo lugar de la tabla y terminó la jornada en la tercera posición con 30 puntos.
Sin embargo, el resultado también permitió extender una estadística que ya empieza a convertirse en tendencia. Y es que Barcelona SC volvió a no perder ante su clásico rival y mantiene su dominio reciente en los enfrentamientos directos frente a Emelec.
Por el lado eléctrico, el punto sumado le permitió seguir escalando posiciones y ubicarse en la octava casilla, alejándose de la parte baja de la clasificación y alimentando la ilusión de pelear por puestos importantes.
Pero más allá del resultado, este Clásico del Astillero deja una reflexión que va mucho más allá de la tabla de posiciones. El fútbol es una fiesta. Es un espacio para que las familias disfruten, para que los niños sueñen y para que las rivalidades se vivan con pasión, no con violencia.
Lo ocurrido antes del encuentro no puede volver a repetirse. Ya existe un antecedente reciente y el fútbol ecuatoriano no puede seguir normalizando este tipo de desmanes. Las autoridades deben actuar con firmeza, identificar a los responsables y aplicar sanciones ejemplares para evitar que hechos como estos vuelvan a empañar el espectáculo más importante del país.
Porque los clásicos deben ganarse en la cancha. Nunca fuera de ella.
