Philadelphia reúne argumentos para aspirar a todo, pero también muchos interrogantes que pueden marcar su temporada


Los Sixers se han lanzado con todo a por el anillo con un verano espectacular. Con la llegada de un Jaylen Brown desterrado de Boston a cambio de Paul George y la de un LeBron James en la agencia libre, el equipo de Nick Nurse se sitúa como uno de los proyectos más interesantes este año, en una conferencia este que será una carnicería

Sobre el papel, el quinteto es una auténtica locura, una suma de talento pocas veces vista anteriormente. La verdadera cuestión es si todas estas piezas pueden funcionar juntas

Mucho protagonista para un solo balón

La primera dificultad estará en encontrar el equilibrio ofensivo. Maxey se ha consolidado ya como una estrella de la liga, capaz de acelerar el ritmo y generar ventajas con el balón. LeBron, a sus 41 años, sigue siendo un organizador excepcional, mientras que Brown necesita espacios y situaciones favorables para explotar su capacidad anotadora. A ellos se suma Edgecombe, que buscará seguir creciendo después de una gran temporada rookie

El talento individual es indiscutible, pero acumular jugadores acostumbrados a tener protagonismo y ser la primera opción de ataque no garantiza que el ataque funcione. La convivencia entre Maxey y LeBron será especialmente importante: ambos pueden dirigir al equipo, LeBron con la edad se ha desarrollado más en un pasador de élite y organizar el ataque encontrando buenas situaciones para sus compañeros, mientras que Maxey desde la salida de Harden de los 76ers se consolidó como el cerebro de su equipo, todos los ataque los iniciaba él.

Brown también deberá encontrar su espacio sin convertirse en un mero receptor de balón. Su capacidad para atacar el aro, jugar sin balón y asumir responsabilidades en los momentos decisivos puede ser fundamental para que el equipo no dependa exclusivamente de las acciones de sus principales organizadores. Y recordemos que su salida de Boston viene dada por su sentimiento de convertirse en el »alfa» del equipo, como el mismo se definió en uno de sus ya famosos streams.

Embiid, la pieza que puede cambiarlo todo

Por encima de cualquier cuestión táctica, la salud de Joel Embiid será el factor más determinante del proyecto. El pívot sigue siendo uno de los interiores más dominantes de la NBA cuando está sano, gracias a su capacidad anotadora, su juego de espaldas y su amenaza desde media y larga distancia.

El propio Embiid aseguró durante el media day que se encontraba bastante bien y que existía un plan para intentar mantenerse sano durante la temporada. Sin embargo, su historial físico obliga a ser prudentes. Philadelphia no necesita únicamente que su pívot esté disponible en octubre: necesita que pueda acumular continuidad y llegar en buenas condiciones al momento decisivo del curso, cosa que no ha pasado en los últimos años. Sin ir más lejos, el año pasado se exprimió para remontar a los propios Celtics en primera ronda y en las semis de conferencia contra los Knicks llegó sin gasolina y muy castigado fisicamente

Y ahí aparece otro problema: la pintura. La salida de Andre Drummond y la grave lesión en el tendón de Aquiles de Ariel Hukporti, sufrida durante la pretemporada, han reducido las alternativas disponibles para cubrir los minutos de Embiid. Adem Bona aparece como principal candidato para ejercer de suplente, aunque también ha arrastrado problemas físicos durante la preparación. Su energía y capacidad atlética son interesantes, pero todavía debe demostrar que puede responder de forma consistente en un equipo con aspiraciones de campeonato.

Si Embiid necesita descansar o vuelve a sufrir problemas físicos, Philadelphia tendrá que encontrar soluciones con jugadores menos experimentados o recurriendo a quintetos más pequeños, apareciendo ahí jugadores como Wade (llegado en agencia libre desde Cleveland) o el propio LeBron, que ya actuó ahí en algunas ocasiones con los Lakers. La profundidad interior puede parecer un detalle secundario ante semejante acumulación de talento exterior, pero en una temporada de 82 partidos puede terminar siendo una de las grandes debilidades del equipo.

El encaje colectivo decidirá el techo de Philadelphia

La compatibilidad entre las estrellas será la otra gran prueba. LeBron y Brown deben compartir protagonismo; Maxey necesita mantener su agresividad; Embiid requiere un ataque que aproveche sus virtudes y, al mismo tiempo, permita a los exteriores jugar con espacios. No es una combinación imposible, pero exige ajustes y una jerarquía clara, que tendrá que definir rápido Nick Nurse si no quiere que el equipo se pierda en batallas de ego.

En defensa, Philadelphia también tendrá que demostrar que su talento ofensivo puede traducirse en compromiso colectivo. La edad de LeBron, las exigencias físicas de Embiid y la adaptación de las nuevas incorporaciones obligarán a encontrar un equilibrio entre proteger a sus figuras y competir con intensidad durante los 48 minutos, aunque sobre el papel, el quinteto tendrá problemas a la hora de defender a equipos con mucho ritmo ofensivo.

Los Sixers tienen motivos para mirar hacia arriba. Maxey y Jaylen Brown son estrellas consolidadas en la liga, LeBron sigue siendo más que capaz de impactar de muchas maneras en el partido y Embiid puede dominar cualquier enfrentamiento interior cuando está sano. Pero la temporada no se decidirá por la calidad de sus nombres, sino por cómo se complementen.

Philadelphia puede convertirse en uno de los grandes candidatos del Este, aunque también corre el riesgo de no adaptar a todas sus estrellas en el quinteto, de acusar problemas físicos de dos de sus jugadores más importantes, y donde la pintura se puede quedar huérfana si Embiid vuelve a tener problemas para mantenerse sano durante la mayor parte de la temporada, como le ha pasado durante toda su carrera.