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Fórmula 1

La madurez de Lewis Hamilton en su segundo año vestido de rojo

El siete veces campeón del mundo exprime la potencia de su Ferrari y da un golpe de autoridad en Canadá


Consolidadas las bases tras su primer año de adaptación, la segunda temporada de un campeón en una estructura suele ser la definitiva para recoger los frutos del trabajo. En este 2026, Lewis Hamilton afronta su segundo curso oficial con la Scuderia Ferrari en una campaña hipermediática.

El británico compite plenamente integrado en la cultura de Maranello, buscando exprimir al máximo las complejidades de un SF-26 cuyo motor destaca por su tremenda potencia pura, pero sigue sufriendo en eficiencia energética frente a los Mercedes.

Tras el caótico fin de semana en Montreal, Ferrari se mantiene firme en la segunda posición del mundial de constructores con 147 puntos. En el campeonato de pilotos, el espectacular podio conseguido en el Circuito Gilles Villeneuve propulsa a Hamilton hasta la cuarta plaza de la tabla general con 72 unidades en su casillero. Con esto, Lewis demuestra estar en un momento de forma excelente, optimizando un coche que conoce a la perfección desde los test invernales.

Evolución ergonómica y el carácter indomable del motor italiano

Durante la pretemporada en Barcelona y Bahréin, el trabajo de Hamilton no fue el de un recién llegado, sino el de un piloto que pule los detalles para ganar centésimas. Lewis dedicó las primeras jornadas exclusivamente a reconfigurar la ergonomía de su cabina a partir de la experiencia del año pasado: modificó la posición del asiento y ajustó al milímetro las levas traseras del volante para perfeccionar sus salidas y los cambios de mapa sobre la marcha.

Hamilton pasó horas con los ingenieros para desgranar la entrega de potencia de la unidad de Maranello. Y es que, el británico sabe que, aunque la aceleración pura del coche es brutal, la gestión de la batería sigue siendo más repentina que la de sus antiguos jefes alemanes, lo que exige hilar muy fino en carrera. Por suerte, la fiabilidad acompañó en los test y pudo completar tandas largas con el tanque lleno para evaluar cómo sufrían los neumáticos con las nuevas suspensiones rígidas.

La tortura de las rectas largas y la liberación en el asfalto de Montreal

El bloque inicial del calendario obligó a Hamilton a tirar de galones los domingos para compensar las dificultades de los sábados en clasificación, donde su compañero Leclerc suele ser más explosivo. En China y Japón, Lewis sufrió en primera persona el gran dilema de la F1 actual: el clipping o caída de potencia eléctrica al final de las rectas. El británico tuvo que exprimir su veteranía, tirando de un pilotaje defensivo muy agresivo para defender posiciones.

Tras una dura cita en Miami batallando contra la falta de tracción trasera, la gran recompensa llegó en el reciente Gran Premio de Canadá. En un Circuito Gilles Villeneuve caótico y destructivo para las ruedas, Hamilton firmó una carrera magistral. Lewis controló a la perfección los picos de energía de la batería y cruzó la meta en una brillante segunda posición por detrás de Antonelli. Este primer gran podio del año inyecta una dosis tremenda de confianza antes de encarar la gira europea.