El asturiano planifica una preparación exhaustiva con test y rallies en dunas para afrontar con plenas garantías de éxito la carrera más dura del mundo tras su salida de la F1
Fernando Alonso no está viviendo la temporada que esperaba con Aston Martin. El piloto asturiano se encuentra en una situación incómoda, con un coche que no rinde y que le impide pelear en la zona alta de la parrilla de Fórmula 1. Con este panorama, y aunque su futuro inmediato en los circuitos aún no está cerrado, el bicampeón del mundo tiene muy claro cuál será su próximo destino cuando decida retirarse del Gran Circo.
El Rally Dakar se ha convertido en el gran objetivo de futuro para el piloto de Oviedo. Su debut en el año 2020 le dejó con ganas de más, y ahora busca regresar a la carrera de resistencia más dura del planeta con un plan muy detallado. Alonso sabe perfectamente lo que necesita para volver a subirse a un coche de raids y, sobre todo, para hacerlo con opciones reales de pelear por la victoria.
Una compleja decisión marcada por la falta de diversión y la exigencia del calendario
El asturiano reconoce que acertar con el momento exacto para colgar el casco en la Fórmula 1 nunca es una tarea sencilla. El desarrollo constante de los equipos y las expectativas de mejora de cara a cada nueva temporada complican la decisión de cualquier piloto que termina contrato. En una entrevista concedida a Mundo Deportivo, Alonso explica que «es una rueda que nunca va a parar, porque el año siguiente siempre parece que va a ser mejor que el actual«.
A esta incertidumbre técnica se suma un factor clave para el asturiano: la pérdida de diversión al volante con la actual generación de monoplazas. El piloto de Aston Martin señala que los coches de estos últimos años no son los más divertidos de pilotar, independientemente de los resultados que se consigan en la pista. Además, el actual calendario de 24 grandes premios, con apenas siete citas en territorio europeo, supone un desgaste tremendo que influye directamente en su motivación a corto plazo.
Por ahora, la prioridad de Alonso es comprobar si Aston Martin y Honda logran reaccionar tras un arranque de campeonato muy complicado en la nueva era reglamentaria. El equipo tiene previsto introducir una evolución importante en su monoplaza a la vuelta del verano, una mejora que el piloto considera clave para cambiar el rumbo del año. Este rendimiento en pista marcará las conversaciones con la escudería de Silverstone para decidir si renueva su contrato o busca nuevos retos.
El plan de entrenamiento específico para conquistar el desierto
El regreso al Rally Dakar no se plantea como un pasatiempo, sino como un reto mayúsculo para ampliar un palmarés histórico. Alonso asume con total naturalidad que la navegación y la conducción sobre las dunas son asignaturas pendientes en su trayectoria deportiva. En sus declaraciones a Mundo Deportivo, el asturiano admite sin rodeos que no ha «nacido en los rallies» y que asimilar esa lectura del terreno le llevará tiempo o incluso años de trabajo.
Para solventar esta falta de experiencia previa, el piloto ya tiene diseñada la preparación mínima necesaria antes de tomar la salida en la exigente prueba. Su hoja de ruta contempla completar entre cinco y seis jornadas de test sobre tierra y dunas, además de competir en un mínimo de dos o tres carreras preparatorias. Alonso recuerda que para su estreno en 2020 ya siguió este método al disputar el Rally de Marruecos y varias citas en Sudáfrica y Arabia Saudí.
Así, el bicampeón del mundo no oculta que la idea de ganar en disciplinas tan diferentes como la Fórmula 1, la resistencia en circuitos y los rallies todoterreno es un estímulo único. A sus 44 años, el asturiano se muestra tranquilo con los plazos y prefiere centrarse en exprimir al máximo el monoplaza actual antes de tomar una decisión definitiva en verano. Sabe que tiene el control de su futuro y que, sea en los circuitos o en el desierto, mantendrá intacta su autoexigencia.
