Tras los desajustes defensivos mostrados ante Serbia, el «Vasco» prioriza el orden táctico a menos de una semana de enfrentar a Sudáfrica en el Estadio Azteca
La Selección Mexicana de Fútbol ha entrado en una fase de concentración absoluta y hermetismo total. Luego de la victoria por 5-1 ante Serbia en el Estadio Nemesio Díez, el director técnico Javier Aguirre ha tomado la determinación de cerrar las puertas del Centro de Alto Rendimiento (CAR) para los entrenamientos de este fin de semana. El mensaje del estratega nacional es contundente: el festival de goles quedó en el pasado y la prioridad absoluta de hoy es corregir los alarmantes descuidos en la zaga central que empañaron el funcionamiento colectivo en Toluca.
Aunque el abultado marcador frente a los europeos generó un ambiente de euforia en la tribuna, el cuerpo técnico tricolor analiza el panorama con total frialdad. El gol tempranero encajado por una distracción entre la lateral y la central encendió las alarmas de Aguirre. Sudáfrica, el rival del próximo jueves 11 de junio en la inauguración de la Copa del Mundo, destaca por un despliegue físico extenuante y transiciones a velocidad pura, un estilo de juego que castigará severamente cualquier titubeo defensivo de la escuadra mexicana.
Durante las sesiones de este sábado, el «Vasco» ensayó variantes en la primera línea, buscando un bloque mucho más compacto que logre blindar el arco que presumiblemente resguardará el veterano Guillermo Ochoa. Nombres como Édson Álvarez en labores de contención e Israel Reyes como un elemento multifuncional toman fuerza en la pizarra táctica para dotar de equilibrio al equipo. A solo cinco días de la inauguración en el Coloso de Santa Úrsula, el Tri busca cambiar el traje de fiesta por el de obrero para garantizar un debut sólido en casa.
