Tras una temporada de debut espectacular en unos Mavericks que apenas compitieron, el estadounidense ha comenzado su segundo año a un nivel extraordinario. El regreso de Kyrie Irving y la renovación del proyecto invitan a pensar en un futuro mucho más prometedor


Cooper Flagg llegó a la NBA con unas expectativas descomunales. Considerado uno de los mayores talentos que habían pasado por la universidad en las últimas décadas, el número uno de 2025 aterrizó en Dallas con la responsabilidad de convertirse en el nuevo rostro de una franquicia todavía marcada por la salida de Luka Dončić.

Su primera temporada confirmó que las expectativas estaban justificadas. Flagg ganó el premio al Rookie del Año y ofreció actuaciones históricas, incluyendo un partido de 51 puntos ante Orlando Magic. Sin embargo, el contexto colectivo fue muy diferente: los Mavericks terminaron con un balance de 26 victorias y 56 derrotas, lejos de cualquier aspiración de disputar los playoffs. Ahora, con una plantilla renovada y Kyrie Irving de vuelta, Dallas pretende empezar a construir un equipo competitivo alrededor de su estrella. Y Flagg ha comenzado la temporada dispuesto a liderar ese crecimiento.

Un comienzo espectacular

El estadounidense está firmando unos números extraordinarios en sus primeros cuatro partidos: 25,3 puntos, 5,3 rebotes y 6,8 asistencias, además de 2,8 robos y 1,3 tapones por encuentro. Su estreno frente a Houston Rockets dejó 32 puntos, aunque Dallas cayó derrotado. Posteriormente, ante Indiana Pacers, sumó 14 puntos y 6 asistencias en apenas 17 minutos antes de sufrir un esguince leve en el hombro izquierdo que le obligó a perderse el encuentro contra San Antonio, provocado por una falta fea de Nesmith.

La lesión no frenó su gran comienzo. En su regreso frente a Miami Heat, Flagg protagonizó una actuación completísima: 29 puntos, 11 asistencias, 6 rebotes, 5 robos y 3 tapones, además de anotar la daga del partido con una entrada a canasta indefendible pese a que en la pintura rival estaban nada más y nada menos que Giannis Antetokounmpo y Bam Adebayo.

Su última exhibición ha llegado esta noche ante Oklahoma City Thunder, a quiénes les ha quitado el invicto en este inicio de temporada. Los Mavericks se impusieron por 120-96 con 26 puntos, 5 rebotes y 8 asistencias de Flagg, que terminó el encuentro sin cometer una sola pérdida de balón. Más allá de la anotación, lo verdaderamente interesante es su evolución como generador. El alero está mostrando una mayor capacidad para leer las ayudas defensivas, encontrar compañeros liberados y controlar el ritmo ofensivo.

Kyrie Irving, el socio que necesitaba

Una de las grandes diferencias respecto a la temporada pasada es el regreso de Kyrie Irving. El base se perdió toda la campaña anterior por una grave lesión de rodilla, dejando a Flagg prácticamente solo al frente de un equipo sin demasiadas certezas. Ahora, Dallas cuenta con dos jugadores capaces de generar ventajas por sí mismos. Ante Oklahoma, el veterano anotó 15 puntos, 13 de ellos en una primera mitad en la que convirtió sus cuatro primeros lanzamientos, incluidos tres triples.

Su presencia supone un alivio para Flagg. El estadounidense ya no necesita asumir constantemente la creación ofensiva y puede aprovechar su versatilidad para atacar sin balón, finalizar cerca del aro o encontrar espacios cuando Irving atrae la atención defensiva. La convivencia entre ambos será una de las claves del curso. Flagg representa el presente y el futuro de la franquicia, mientras que Irving puede aportar experiencia, talento y liderazgo durante su desarrollo.

Un proyecto joven que busca identidad

Los Mavericks también han cambiado fuera de la pista. Masai Ujiri ha asumido la dirección deportiva y Dusty May ha llegado al banquillo después de conquistar el campeonato universitario con Michigan. La renovación de la plantilla responde a una idea clara: rodear a Flagg de jugadores jóvenes, versátiles y con margen de crecimiento.

Entre las incorporaciones destacan Zaccharie Risacher, Santi Aldama y Morez Johnson Jr (al que May ya entrenó este año en Michigan), mientras que P.J. Washington y Daniel Gafford siguen ofreciendo alternativas importantes en la rotación. Dallas presenta un balance de 3-2 después de encadenar tres victorias consecutivas. El triunfo frente a Oklahoma dejó una imagen especialmente positiva: ocho jugadores alcanzaron los dobles dígitos en anotación, demostrando que el equipo puede funcionar colectivamente sin depender exclusivamente de su estrella.

¿Hasta dónde pueden llegar estos Mavericks?

El objetivo principal de estos Mavs, después de una temporada donde apenas compitieron, debería ser pelear por el play-in, incluso tener aspiraciones mayores si el equipo desarrolla una identidad sólida durante los próximos meses y alguno de los equipos de mayor nivel no compite al nivel esperado y pueden aprovechar ese bajón.

Lo que parece fuera de discusión es quién debe liderar el proyecto. Cooper Flagg ya demostró en su primera temporada que estaba preparado para ser una estrella de la NBA. Ahora empieza a demostrar que también puede hacer crecer a un equipo a su alrededor. Los Mavericks todavía están lejos de recuperar el protagonismo que tuvieron hace unos años cuando llegaron a las finales de la mano del esloveno, pero vuelven a contar con una dirección clara. Y esa dirección pasa inevitablemente por las manos de Cooper Flagg.