El francés ha construido su candidatura alrededor de sus números, pero el Real Madrid no se construyó para coleccionar estadísticas individuales. Se construyó para ganar. Y eso es precisamente lo que le falta a Mbappé para que su candidatura convenza


Hay algo en la campaña de Kylian Mbappé por el Balón de Oro que es difícil de entender. No cuestiono sus goles. No cuestiono su talento. Los datos están ahí y sería absurdo discutirlos: 42 goles en 44 partidos con el Real Madrid, 25 en Liga, 15 en Champions y el Pichichi en ambas competiciones. En el Mundial, además, marcó diez goles y terminó como máximo goleador histórico de la competición con 22.

Lo que cuestiono es otra cosa. La necesidad de convertir una temporada sin títulos en una campaña personal para demostrar que, pese a todo, él debe ser considerado el mejor futbolista del mundo. Más lo cuestiono aún cuando el momento del Real Madrid en el presente curso con Mbappé a la cabeza, no termina de arrancar.

El Balón de Oro no es una tabla de goleadores

Mbappé ha insistido en que el Balón de Oro es un premio individual. Es cierto. Pero que sea individual no significa que deba analizarse al margen de todo aquello que sucede alrededor del futbolista.

El premio contempla el rendimiento individual, los logros colectivos y el comportamiento dentro y fuera del terreno de juego. Y precisamente por eso resulta difícil separar completamente a una estrella de los objetivos que persigue el equipo al que representa.

Mbappé ha elegido defender su candidatura desde sus cifras. Es comprensible. Pero no se puede quedar únicamente ahí. Porque hay una pregunta que considero inevitable: ¿Qué consiguió el Real Madrid con esos 42 goles?

La respuesta es incómoda para su candidatura: no consiguió los grandes títulos que se le exigen. Y no estamos hablando de cualquier club, estamos hablando del Real Madrid. 

El Madrid no juega para los Balones de Oro

Este es, para mí, el punto fundamental. El madridismo no necesita otro Balón de Oro. Necesita títulos, una Liga, una Champions, grandes noches europeas y finales. Necesita volver a Cibeles.

Porque el aficionado del Real Madrid no se marcha a casa después de una eliminación pensando que, al menos, Mbappé ha marcado 42 goles. Tampoco celebra en Cibeles un Pichichi. Celebra una Champions. Celebra una Liga. Celebra un equipo que ha sido capaz de conquistar aquello para lo que fue construido.

Y esto no significa restarle valor a los goles de Mbappé. Significa ponerlos en contexto.

En el Real Madrid, las estadísticas individuales tienen un valor enorme, pero adquieren otra dimensión cuando están al servicio de los títulos. Esa ha sido siempre una de las grandes exigencias del club. Por eso me cuesta entender que el discurso alrededor del francés se centre tanto en demostrar que él ha cumplido.

Porque la temporada que se le debe exigir a una estrella del Real Madrid no consiste únicamente en preguntarle cuántos goles ha marcado. También hay que preguntarle qué ha ganado.

“Es un premio individual”

El propio Mbappé ha utilizado ese argumento para defender su candidatura. En una entrevista con France Football, sostuvo que sus cifras le permiten seguir aspirando al Balón de Oro pese a haber terminado la temporada sin títulos con el Madrid y Francia. Recordó sus 15 goles en Champions, sus 25 en Liga y su récord goleador en los Mundiales.

Pero precisamente ese razonamiento es el que no convence. Porque si aceptamos que el rendimiento individual debe aislarse completamente del colectivo, ¿Qué sentido tienen entonces los títulos a la hora  de valorar al mejor jugador de una temporada?

El fútbol es un deporte colectivo. Y el mejor jugador de una temporada no debería ser únicamente el que más goles marca, sino también aquel cuya actuación individual tiene una traducción decisiva en los objetivos colectivos.

Mbappé ha demostrado que puede llenar una hoja de estadísticas. Lo que todavía tiene que demostrar en el Real Madrid esas estadísticas se transforman directamente en títulos importantes.

Por supuesto que los 15 goles de Mbappé en Champions tienen un valor extraordinario. Es una cifra que merece reconocimiento y que le coloca entre los grandes registros históricos de la competición. Solo Cristiano Ronaldo ha marcado más en una edición.

Pero el Real Madrid no ganó esa Champions. Y esa circunstancia no puede desaparecer de la conversación simplemente porque el francés haya marcado 15 goles.

Y vuelvo al principio. No se entiende la campaña de Mbappé por el Balón de Oro porque considero que el francés tiene una oportunidad mucho más importante delante de él. Tiene la oportunidad de dejar de ser simplemente uno de los mejores futbolistas del planeta para convertirse en uno de los grandes jugadores de la historia del Real Madrid.

Y para conseguirlo no necesita convencer de que merece el Balón de Oro. Necesita ganar. Necesita que sus goles conduzcan al equipo hacia los títulos. Necesita que su ambición individual encuentre un propósito colectivo.

Porque si algo ha demostrado la historia del Real Madrid es que los grandes jugadores no terminan siendo recordados únicamente por aquello que ganaron ellos. Son recordados por aquello que hicieron ganar al club.

Y hoy, por mucho que sus cifras sean extraordinarias, Mbappé todavía tiene una cuenta pendiente con el Real Madrid: convertir sus goles en títulos.

Mientras esa cuenta siga abierta, a mí me resulta imposible colocarle por encima de quienes, además de destacar individualmente, han conseguido que sus equipos levanten los trofeos que todos quieren levantar.

El Balón de Oro puede esperar. Cibeles, no.