Los Minnesota Timberwolves cambian de dueño y confirman una tendencia peligrosa en la NBA
La venta de los Minnesota Timberwolves apenas un año después de que Marc Lore y Alex Rodriguez asumieran el control de la franquicia es mucho más que una operación empresarial. Es el último síntoma de una transformación profunda en la NBA: sus equipos se han convertido en activos financieros de lujo, capaces de multiplicar su valor en plazos que, hasta hace poco, parecían imposibles.
En junio de 2025, la NBA aprobó la compra de los Timberwolves y las Minnesota Lynx por parte de Lore y Rodriguez, en una operación valorada en unos 1.500 millones de dólares. Apenas catorce meses después, Lore ha acordado vender su participación al inversor Marc Stad por una valoración de 4.500 millones. Es decir, el valor de la franquicia se ha multiplicado por tres en apenas cinco años desde que comenzó el proceso de adquisición.
Sobre el papel, el cambio no debería alterar demasiado el proyecto deportivo. Stad ya era accionista minoritario y ha manifestado su intención de mantener la estructura actual, con Tim Connelly al frente de las operaciones deportivas y Chris Finch como entrenador. Alex Rodriguez, además, aumentará su participación. Los Timberwolves llegan a este cambio de propiedad después de cinco temporadas consecutivas en playoffs y de haber construido alrededor de Anthony Edwards uno de los proyectos más competitivos de la Conferencia Oeste.
Pero toda venta introduce una incógnita: ¿qué ocurre cuando el propietario entiende el equipo como una inversión antes que como un proyecto deportivo? El riesgo no es necesariamente que Stad quiera ganar menos. Al contrario, un equipo ganador aumenta su valor. El problema aparece cuando la rentabilidad económica empieza a ser el objetivo principal y el campeonato pasa a convertirse en una herramienta para incrementar el precio del activo.
El caso de los Lakers resulta todavía más revelador. Mark Walter adquirió el control de la franquicia por una valoración de 10.000 millones de dólares en 2025 y, apenas un año después, el equipo ha sido vendido a Bob Iger y Josh Kushner por 12.500 millones.
Dos gigantes de la NBA cambiando de manos en cuestión de meses. No es casualidad. Los nuevos contratos televisivos, el crecimiento internacional, los patrocinios y el atractivo de las grandes ciudades han convertido las franquicias en auténticos «activos trofeo». La NBA incluso ha abierto progresivamente la puerta al capital institucional, acelerando esta nueva lógica financiera.
La pregunta, por tanto, ya no es solamente quién quiere ganar un anillo. Es quién puede comprar una franquicia hoy y venderla mañana mucho más cara. Y ahí reside la paradoja: cuanto más valiosa se vuelve la NBA, mayor es el riesgo de que sus equipos dejen de ser principalmente clubes deportivos para convertirse en productos financieros. El aficionado, que mide el éxito en victorias, títulos y noches inolvidables, puede acabar compartiendo grada con un propietario que mira el marcador de una manera muy distinta, como si fuera la cotización de una acción.
