Los Angeles Lakers, la segunda franquicia con más títulos en la historia de la NBA, ha vivido este miércoles un terremoto institucional que trasciende lo deportivo


El empresario Josh Kushner, fundador de Thrive Capital, y Bob Iger, expresidente ejecutivo de The Walt Disney Company, se han hecho con el control del equipo por una cifra que oscila entre los 12.000 y los 12.500 millones de dólares. La operación pulveriza cualquier precedente en el deporte estadounidense y confirma a los Lakers como la franquicia más valiosa del planeta.

Lo llamativo del movimiento es la velocidad a la que se ha producido. El vendedor, Mark Walter, director ejecutivo de TWG Global, había adquirido la participación mayoritaria del equipo a la familia Buss hace apenas catorce meses, en una operación que entonces marcó un récord histórico al valorar la franquicia en unos 10.000 millones de dólares. Ahora, la franquicia se revaloriza en 2.500 millones adicionales, un incremento cercano al 25% en poco más de un año, reflejo del imparable crecimiento económico de las grandes franquicias deportivas norteamericanas. Kushner e Iger, que anteriormente habían sondeado un proyecto de expansión de la NBA en Las Vegas, decidieron finalmente optar por la compra directa del equipo californiano. La operación deberá ser todavía ratificada por la Junta de Gobernadores de la NBA, un trámite que podría demorarse varias semanas.

El trasfondo deportivo añade interés al momento. La venta llega apenas semanas después de la marcha de LeBron James, quien puso rumbo a Philadelphia 76ers tras años como icono absoluto de la organización angelina. Su salida cierra un ciclo y deja a Luka Doncic como único y absoluto líder del proyecto deportivo, una responsabilidad que el esloveno ya venía asumiendo progresivamente desde su llegada a la franquicia.

Ahora, ese proyecto deportivo se enmarca en un contexto completamente distinto. Iger, con experiencia en gestión de marcas globales y contenidos de entretenimiento, y Kushner, con perfil inversor centrado en tecnología y crecimiento, representan un cambio de filosofía respecto a la propiedad de Walter, quien seguirá vinculado a otros proyectos como los Dodgers, el Chelsea y una escudería de Fórmula 1. Para Doncic, la incertidumbre institucional podría convertirse en una oportunidad: unos nuevos propietarios con ambición de construir «algo especial», en palabras del propio esloveno, suelen traducirse en inversión agresiva en plantilla y en la voluntad de devolver a Los Ángeles a la lucha por el anillo cuanto antes.