Los dirigidos por Lionel Scaloni enfrentan críticas por un rendimiento polémico
A minutos de sumar la cuarta estrella en el escudo, la Selección Argentina peleó hasta el final, contra todo y contra todos. España fue superior a lo largo de todo el partido y encontró en el minuto 106 la forma de romper el empate para así poder quedarse con el Mundial 2026. Sin embargo, ya consumada la derrota, un dato preocupa a los argentinos luego de caer ante el conjunto europeo.

Llegamos con lo justo
- Partidos con prórroga — Varios cruces (como octavos, cuartos o semis) se fueron a tiempo extra. Esto suma 30 minutos adicionales por partido que se definieron así.
- Expulsiones y tarjetas — Enzo Fernández terminó expulsado en la final, pero antes ya había acumulado tensión física en duelos intensos.
- Rivalidad y ritmo — Enfrentamientos duros (Inglaterra en semis, por ejemplo) con alta intensidad, faltas y duelos constantes.
Durante la final, concretamos solo 2 remates en 120 minutos y cero tiros al arco. Es un dato extremo que habla de falta de energía para generar y profundizar. Argentina cedió el control (alrededor del 35-40% de posesión) y tuvo dificultades para salir jugando. Messi, a sus 39 años, tuvo un partido discreto (pocos toques, sin chances claras). El equipo dependió en exceso del “Dibu” Martínez (11 atajadas).
La selección llegó más cansada que España a la final, producto de un camino más exigente en minutos jugados y la intensidad de sus cruces. Esto se tradujo en una versión más limitada del equipo, especialmente en ataque. Aun así, llegar a la final defendiendo el título de 2022 ya es un logro enorme. El desgaste forma parte del fútbol de alto nivel y no quita mérito al gran ciclo de Scaloni y compañía.
