El club madrileño solicita una explicación formal al CTA por la disparidad de criterios en la expulsión de Gerard Martín y la roja directa a Nico González
El Metropolitano vivió, de nuevo, una de esas noches donde el fútbol queda en segundo plano frente a la s decisiones arbitrales. Y es que, la derrota del Atlético de Madrid por un ajustado 1-2 ante el FC Barcelona no fue el único foco de atención tras el pitido final.
La tensión se palpaba en el ambiente desde los primeros compases del encuentro, marcado por una intensidad física que desbordó el control del colegiado. El duelo, que prometía ser el partido de la jornada, terminó convirtiéndose en un debate sobre la tecnología y el criterio humano.
Un viaje arbitral: del gol de Giuliano al caos del videoarbitraje
El partido comenzó con una carga emocional altísima que se tradujo en una lluvia de tarjetas y decisiones controvertidas desde el inicio. En el minuto 39, la grada estalló cuando Giuliano Simeone aprovechó un servicio preciso de Lenglet para adelantar a los locales en el marcador. Sin embargo, la euforia duró poco ante la respuesta inmediata de Rashford, quien devolvió la igualdad tras una asistencia de Dani Olmo.
Después, la verdadera tormenta estalló en el tiempo de descuento de la primera mitad con la expulsión del centrocampista Nico González. El árbitro mostró inicialmente la segunda amarilla al jugador, pero la intervención del VAR cambió el escenario reglamentario por completo. Tras revisar la pantalla, el colegiado decidió retirar la cartulina amarilla para mostrar una tarjeta roja directa al futbolista del Atlético.
Esta decisión generó una indignación colectiva en el banquillo madrileño, provocando una serie de protestas que terminaron en amonestaciones para Koke y Molina. El equipo se vio obligado a reestructurarse con un hombre menos durante toda la segunda mitad, condicionando totalmente su plan de juego. Sin duda, esta inferioridad numérica pesó en la resistencia física de los futbolistas conforme avanzaba el cronómetro en un duelo de máxima exigencia.
Con esto, la posesión del Barcelona aumentó de forma drástica, alcanzando un 67% que asfixió las líneas de presión del conjunto de Diego Simeone. Finalmente y a pesar del esfuerzo defensivo, un gol de rebote de Lewandowski en el minuto 87 terminó por sellar la remontada del equipo visitante. Con esto, el Atlético cerró el choque con apenas dos tiros a puerta, evidenciando las dificultades de generar peligro tras quedar en inferioridad numérica.
El Atlético de Madrid rompe el silencio y exige justicia al CTA
La cúpula directiva del Atlético de Madrid ha decidido no pasar por alto lo que consideran un agravio comparativo clamoroso y reiterado. El club ha solicitado de manera oficial una explicación formal al Comité Técnico de Árbitros sobre el criterio aplicado en las jugadas polémicas. El principal motivo de queja reside en la acción sobre Almada, donde el azulgrana Gerard Martín solo recibió amarilla tras la revisión.
Desde la entidad madrileña se muestran tajantes al afirmar que «es imposible competir cuando te explican unas reglas y se aplican otras«. Consideran que la entrada sobre el tobillo de Almada fue idéntica a una ocurrida en el Betis-Rayo que el CTA calificó como roja. Sin duda, la sensación de desamparo crece al ver cómo la tecnología corrige decisiones de campo para modificar la gravedad de las infracciones según el equipo.
De hecho, Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del club, no ocultó su malestar y lanzó un mensaje de profunda autocrítica hacia el sistema arbitral. El directivo manifestó que «cuando vemos imágenes y escuchamos audios que comparte la RFEF, solo queda sentir vergüenza» por el funcionamiento del videoarbitraje. Para el dirigente, el VAR está excediendo sus funciones originales al predisponer al árbitro principal en jugadas que deberían ser puramente interpretativas.
El club espera ahora que el programa semanal de revisiones del estamento arbitral ratifique que la acción debió suponer la expulsión del rival. Los rojiblancos denuncian un sesgo real en los enfrentamientos contra los equipos que ocupan la zona más alta de la clasificación liguera. Sin duda, esta reclamación busca sentar un precedente para que la unificación de criterios sea una realidad tangible y no una promesa de inicio de temporada.
