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Vinícius, el heredero

Cada vez que Vinícius tiene la pelota en sus pies provoca en el graderío de Chamartín la misma sensación vertiginosa que se siente al montarse en una montaña rusa. Un fútbol sin complejos, eléctrico, salvaje y, lo más importante, sin límites


‘Vires acquirit eundo’, que decían los romanos, ‘la fuerza se adquiere avanzando’. Así ha sido el camino de Vinícius desde que llegó a España, una travesía en la que los obstáculos han sido muchos y en el que su fuerza mental, no tanto la física, ha sido decisiva para que a día de hoy estemos hablando de uno de los futbolistas más determinantes del mundo.

Cuando comenzó la temporada 2021/2022 Vini tenía todas las de perder. Las recuperaciones de Hazard y Bale, la competencia con Rodrygo y Asensio, o la amenaza de fichajes como el de Mbappé planeaban sobre la figura del joven futbolista brasileño, que había sido objeto de burla por una parte de la prensa, rivales, aficionados y compañeros (¡ay, Benzema!) en campañas anteriores.

Muchos auguraban ya un Robinho 2.0, un extremo brasileño que llega joven, con talento e irregularidad a partes iguales, y que finalmente es devorado por la circunspecta parroquia blanca. Pero más allá de las similitudes entre el exinternacional brasileño y el actual ‘20’ del Madrid, la gran diferencia radica en la mentalidad.

Vinícius no posee la omnipotencia de Cristiano, ni el instinto de Raúl, ni la calidad de Benzema -por nombrar a tres de los más ilustres atacantes de este siglo del Madrid-, pero sí comparte con ellos una fortaleza psicológica y una ambición que le han permitido sobrevivir ante la afición más exigente del mundo, esa que a día de hoy le rinde pleitesía.

Vinícius juega con un ritmo trepidante y un entusiasmo casi infantil. Imparable con espacios, virtuoso en el uno contra uno y exponencialmente mejorado de cara a gol y en la toma de decisiones en el último tercio de campo le acompaña una genética que recuerda a la de los mejores atletas africanos: es rápido, fuerte y resistente.

Tal es su explosión que seguramente esté entre los mejores futbolistas de Europa en lo que llevamos de temporada (y ya van muchos meses) junto a Salah, Lewandowski y el propio Benzema.

Cabe entonces preguntarse por qué la propia afición madridista no tuvo algo más de paciencia con él en sus primeras temporadas. Claro que no era el futbolista del que disfrutamos hoy, pero, en una edad adolescente, llegó de un fútbol totalmente distinto a un Madrid de entreguerras en el que aún se lucía el luto por la marcha de Cristiano.

Sin embargo, y a pesar de su falta de acierto, el indómito Vinícius encaró cada minuto que jugaba con una personalidad de veterano. Sufrió, mejoró y floreció hasta ser el extremo genial que hoy arrasa por la banda izquierda del Bernabéu, tanto es así que incluso el PSG vio su potencial y dejó caer el pasado verano que solo razonaría por Mbappé en una operación en la que estuviera incluido el carioca.

El Real Madrid ni se lo planteó, sabía que tenía que cuidar a su joya, una joya que tenía el honor de ser uno de los cuatro futbolistas que había disputado cien partidos con la camiseta del Madrid a los 20 años. Los otros tres nombres quizá les suenen, fueron José Antonio Camacho, Raúl González e Íker Casillas.

Y es que, además de su juego, hace gala de su madridismo con muchos gestos que rozan en ocasiones el tribunerismo propio de la juventud, lo que hace que se haya ganado ya a una afición que le ve como el heredero de los ídolos que se marcharon y de las estrellas que se apagaron. Un futbolista que cada vez que tiene la pelota en sus pies provoca en el graderío de Chamartín la misma sensación vertiginosa que se siente al montarse en una montaña rusa. Un fútbol sin complejos, eléctrico, salvaje y, lo más importante, sin límites.

Foto: Rodrigo Jiménez/EFE

Twitter: @IvanCaceresR94

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Escrito por Iván Cáceres

Periodismo Deportivo, España, Corresponsal AG Deportes

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