La aportación del ala-pívot está siendo fundamental para que los Grizzlies se hayan establecido en la zona noble del Oeste, pero le sigue faltando desarrollar varios aspectos de su juego para llegar al nivel que se espera de él


Un camino con baches en el trayecto. Así podría definirse la carrera de Jaren Jackson Jr. hasta el momento. Una gran temporada sophomore (la mejor de su corta experiencia NBA), que se vio truncada por aquella lesión del menisco de su rodilla izquierda en un encuentro frente a New Orleans Pelicans durante la burbuja de Orlando, la siguió un curso 21/22 en el cual sólo pudo disputar 16 encuentros.

Para muchos, la extensión de este verano fue un tanto aventurada, principalmente porque no se sabía si su mejor versión podría verse tras muchos meses fuera de las pistas y una vuelta dubitativa cuanto menos. 105 millones firmados para los siguientes cuatro años son un vínculo que podría ser perjudicial en un futuro cercano, pero lo que ha conseguido el joven ala-pívot de Nueva Jersey es disipar las voces críticas con un gran rendimiento,  pero con una progresión por cumplir.

La principal duda era el tiempo que iba a estar disponible por problemas físicos, ya que este tipo de lesiones en jugadores grandes pueden convertirse en problemas serios a largo plazo. Hasta la fecha tan sólo se ha perdido un partido. O lo que es lo mismo, ha estado disponible en 52 de 53 encuentros disputados, camino de convertirse en la temporada que más partidos de temporada regular juega, adquiriendo una regularidad determinante para proseguir con su desarrollo como jugador. 

Para un equipo donde la estrella es Ja Morant, tener a un interior como él es oro, y más si su compañero en la zona es Steven Adams. La posibilidad de abrir la cancha, de liberar la zona para las penetraciones constantes de su compañero es algo que los Grizzlies están sabiendo aprovechar. Ser una amenaza real en el exterior, provocar que sus emparejamientos deban salir a defenderle y que las ayudas tengan que llegar para puntear sus tiros. Eso es lo que se le pide a Jaren entre otras cosas. Llegados a este punto, ¿hacia dónde debe dirigirse su desarrollo para llegar al siguiente nivel?

  • Mayor consistencia en el tiro

Si unas líneas más atrás destacaba su segundo año como el de mejor rendimiento, su acierto en el lanzamiento es una de las claves. Capaz de promediar un 39.5% en 6.5 intentos desde la línea de tres puntos, en el curso actual se encuentra muy lejos de estos números. Con 5.3 triples intentados por partido, el jugador formado en Michigan State se queda en un pobre 31.4%. Está metiendo casi un tiro de tres menos respecto a dos años atrás, convirtiendo la que debería ser un arma fundamental en una de sus flaquezas ofensivas.

Casi todos estos lanzamientos se producen en situaciones de catch&shoot. El 95% de sus intentos desde la larga distancia se producen de esta manera, anotando el 33.9%. Cifras complicadas para un jugador que tiene como uno de sus puntos fuertes el lanzamiento exterior en el aspecto ofensivo. De cara al uso del pick&pop, una de las facetas en las que debe dominar junto a Morant en los próximos años, que mejore estos porcentajes será imprescindible. En las esquinas este problema se acrecienta, donde sus números bajan hasta el 29.6% con trampa, ya que esta cifra se debe a la falta de acierto desde el costado izquierdo (23.1%) en comparación con el lado derecho (35.7%). 

  • El rebote defensivo

La incidencia de Jaren Jackson Jr. en este apartado es inferior a la que se podría dar para un jugador de su tamaño. Año tras año mantiene una paulatina evolución, capturando un rebote más que en su año rookie (4.4 actualmente), pero estas cifras podrían considerarse insuficientes para un interior de 2.11 metros de altura a pesar de que gran parte del peso recae sobre un Steven Adams que está teniendo una de sus mejores campañas en lo que concierne al rebote, especialmente el ofensivo. Cuando está en pista, Jaren Jackson Jr. coge un 17.1% de los rebotes defensivos que podría atrapar, siendo el 23º jugador de su posición que más captura, superado por Pascal Siakam, Miles Bridges o Trey Lyles entre muchos otros.

En comparación con la temporada 19/20, ha subido un 4%, significando esto un importante avance que no debe frenar para lograr ser una de las referencias defensivas en el cómputo global, ya que en términos de intimidación y de defensa de tiro de los oponentes ya es uno de los líderes, como así demuestran los 2.3 tapones que promedia este curso o el acierto de sus rivales en la zona restringida, siendo el 9º jugador que permite menor porcentaje de tiro.

  • Los problemas de faltas

Desde su llegada a la liga ha sido el gran asterísco, por encima de los problemas en el rebote. Muchos son los partidos en los que Taylor Jenkins debe reducir su minutaje a causa de faltas tempranas que ha cometido. Actualmente se encuentra en el mínimo de faltas cometidas por partido de su carrera, con 3.4, pero son 27 los partidos donde, por lo menos, los árbitros le terminan señalando cuatro faltas. 

Este problema se debe a la intensidad con la que realiza sus acciones defensivas, excelente para mantener este rendimiento en la protección de aro, pero en ocasiones excesiva, conllevando a encontrarse muchas noches con sobrecarga de faltas, lo cual corregirá con el paso de los años y experiencia en distintas situaciones del juego como le ocurre a la mayoría de jugadores que recién entrados a la liga tienen este tipo de problemas. 

Se trata de un jugador especial. No todos los equipos tienen la posibilidad de contar con un interior de 2.11 metros que tenga la capacidad de jugar tanto por fuera como por dentro, además de las múltiples opciones que ofrece en defensa. Cuando Memphis lo seleccionó en la cuarta posición de su Draft sabía lo que buscaba en este talento, superando a estrellas de la liga como Trae Young o Shai Gilgeous-Alexander en su camada. Los Grizzlies están siendo una de las revelaciones de este curso, pero de su evolución dependerá si este equipo tendrá los mimbres para avanzar rondas en Playoffs.

Foto: @GrizzliesPR

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