La Fórmula 1 regresa al Circuito de las Américas para disputar el GP de Estados Unidos, con la primera oportunidad para que Kimi Antonelli se proclame campeón del mundo
La Fórmula 1 vuelve a hacer las maletas para cruzar el charco y plantar su gran circo en el estado de Texas, donde el Circuito de las Américas se prepara para acoger una de las citas más vibrantes y exigentes del año. Y es que, los equipos llegan con los deberes técnicos listos en un fin de semana donde el trabajo en los garajes, la degradación de las gomas y la estrategia en pista marcarán por completo el devenir de la carrera.
Además y, más allá de lo puramente deportivo, los aficionados europeos tendrán que andar con pies de plomo y vigilar de cerca el reloj, ya que la cita coincide con la transición horaria de otoño y exige cuadrar bien la agenda para no perderse ni un solo detalle de las sesiones oficiales que están por venir.
El laberinto del reloj y el regreso al formato clásico
El Gran Premio de Estados Unidos pone fin a las carreras al sprint de las últimas semanas para recuperar el formato tradicional de toda la vida. Esto le devuelve a los ingenieros y a los pilotos ese margen de maniobra tan necesario para afinar los reglajes de los monoplazas desde la primera sesión de entrenamientos libres del viernes.
Sin embargo, el verdadero dolor de cabeza para los seguidores que siguen el campeonato desde España estará en el cambio de hora que se produce en plena madrugada del sábado al domingo. A las tres de la mañana tocará retrasar las manecillas sesenta minutos, lo que alterará de golpe la diferencia horaria que veníamos arrastrando con Austin durante todo el fin de semana.
Con esto, mientras que el viernes y el sábado la diferencia se mantendrá en siete horas exactas, el domingo esa brecha se encogerá hasta las seis debido a que Estados Unidos todavía no efectúa dicho cambio. Por esta razón, el semáforo de las cincuenta y seis vueltas se apagará a las nueve de la noche en territorio peninsular, cerrando el domingo con un horario de lo más cómodo.
Un desafío técnico en el corazón de Texas
Inaugurado en el ya lejano 2012, el trazado texano se ha ganado por méritos propios el apodo de ‘clásico moderno’ dentro del calendario internacional gracias a sus cinco mil quinientos trece metros y a un serpenteante recorrido de veinte curvas que pone al límite la resistencia física y mental de los corredores.
La famosa y pronunciada rampa que asciende hacia la primera curva sigue siendo el punto más crítico y caliente de todo el circuito tras la salida, un embudo donde los adelantamientos al límite y los riesgos innecesarios suelen poner el corazón en un puño a más de uno. A todo esto se le une una mezcla explosiva de giros rápidos y fuertes frenadas que machacan los neumáticos hasta límites insospechados.
En este terreno tan exigente, veteranos de la talla de Lewis Hamilton y Max Verstappen saben perfectamente lo que es besar la gloria y alzar los brazos en lo más alto del podio de Austin. No obstante, este año los focos apuntan directamente hacia un Kimi Antonelli que tiene en este escenario su primer gran cartucho para llevarse el título mundial.
