Cleveland se lleva el activo más codiciado a estas alturas del mercado
Los Cleveland Cavaliers han cerrado uno de los golpes de efecto del verano al hacerse con Peyton Watson en un traspaso a cinco bandas con Denver Nuggets, Los Angeles Clippers, Washington Wizards y Charlotte Hornets. Watson firmará un nuevo contrato de cuatro años y 88 millones de dólares para unirse a los Cavaliers, cerrando así un culebrón de agencia libre que se había alargado durante semanas.
La operación deja el siguiente reparto: Denver recibirá una primera ronda de 2031 de Cleveland sin protección y una segunda ronda de 2032 procedente de Sacramento Kings, mientras que Max Strus saldrá rumbo a los Clippers. Además, Cleveland enviará a Tre Mann, una segunda ronda de 2027 vía Clippers y dinero a los Wizards a cambio de Cam Whitmore, y Washington mandará a Julian Reese a Denver, jugador al que los Nuggets planean cortar.
Para Cleveland, este movimiento es muy positivo. Watson promedió 14.6 puntos y 4.9 rebotes en 54 partidos la pasada temporada, confirmando el salto de calidad que llevaba meses anunciando. Con LeBron James descartado tras su elección de los 76ers, los Cavaliers necesitaban un alero con capacidad ofensiva y defensiva, y Watson encaja como un guante: supone una mejora notable respecto a Strus en la posición de 3 y le da a Kenny Atkinson más profundidad en el frontcourt. Cleveland ha pagado un precio alto (un primera ronda sin protección a cinco años vista), pero se lleva al mejor activo disponible en un mercado de agentes libres que se había quedado seco.
La otra cara de la moneda es Denver, y ahí es donde las preguntas se acumulan. Desde que los Nuggets levantaron el anillo en 2023, la directiva no ha dejado de desmontar, pieza a pieza, el equipo construido alrededor de Nikola Jokic. Los propios analistas señalan serias dudas sobre el futuro alrededor del serbio tras dejar salir a un jugador de la proyección de Watson. El argumento económico (Denver ofrecía 17.5 millones anuales frente a los 22 que le ha dado Cleveland) es comprensible en términos de balance, pero resulta difícil de justificar deportivamente cuando el objetivo declarado sigue siendo competir por títulos mientras Jokic esté en su prime. La sensación en Denver es de fatiga, ya que cada verano, otro nombre importante sale por la puerta de atrás mientras el mejor jugador del mundo observa cómo se reduce su ventana de éxito.
