El ingeniero británico asume los errores de concepto del AMR26 y fija el Gran Premio de Hungría como la fecha clave para introducir una profunda evolución aerodinámica que determine el futuro de Fernando Alonso


El Campus Tecnológico de Silverstone ha vivido meses de extrema tensión en el inicio de una era que prometía revolucionar la parrilla de la Fórmula 1. Sin embargo, las expectativas depositadas sobre el monoplaza verde se desmoronaron con rapidez ante la falta de rendimiento y los problemas crónicos en la pista. En este escenario crítico, la figura de Adrian Newey vuelve a emerger públicamente para analizar las causas del bache actual y trazar una hoja de ruta clara.

Ahora, la reaparición del célebre ingeniero británico aporta una dosis de realismo y autocrítica en un momento en el que el equipo acumula resultados frustrantes. El gurú de la estructura técnica no se esconde tras el pobre rendimiento general del monoplaza en las últimas citas europeas. Con la mirada puesta en el medio plazo, los responsables del proyecto asumen que se necesitan soluciones drásticas para revertir la dinámica negativa.

Los fallos de concepto que lastraron el inicio del AMR26

El origen de la crisis actual radica en una notable desventaja temporal frente a los rivales directos de la parrilla. La escudería no comenzó el trabajo definitivo en el coche actual hasta marzo de 2025, acumulando meses de retraso. «No logramos meter un prototipo en el túnel de viento hasta mediados de abril«, reconoce el propio Newey sobre el lento arranque.

Además, a este retraso en el desarrollo se sumaron complicaciones severas en la integración de la nueva unidad de potencia de Honda. Con esto, el monoplaza nació con un evidente exceso de peso y con vibraciones mecánicas que afectaron de forma directa a la aerodinámica general. «La decisión aerodinámica fue atrevida por mis ideas, pero nos ofreció desafíos que no anticipamos«, admite el diseñador.

Por otro lado, las carencias estructurales de la propia fábrica de Silverstone heredadas del pasado lastraron la capacidad de reacción del grupo. La dependencia de herramientas de simulación desactualizadas impidió que los datos obtenidos en los ordenadores se correspondieran de forma fiel con la realidad de los circuitos. En este contexto, la organización tuvo que trabajar a contrarreloj para modernizar sus procesos internos de producción.

Una profunda evolución en Hungría para convencer a Fernando Alonso

La solución propuesta por el departamento técnico pasa por el estreno de un paquete de mejoras masivo durante el Gran Premio de Hungría. El equipo ha descartado la introducción progresiva de piezas para concentrar todo el potencial en un coche profundamente renovado. «Planeamos que la mejora llegue en Hungría«, confirma el ingeniero británico al señalar la fecha de un cambio estructural clave.

Esta evolución contempla una reducción significativa del peso mediante la rehomologación del chasis y sutiles modificaciones en la suspensión trasera. Asimismo, el monoplaza presentará un frontal completamente nuevo y superficies aerodinámicas rediseñadas para exprimir el flujo de aire. Con esto, los ingenieros confían en dar un salto cualitativo que permita salir de las posiciones traseras de la parrilla.

Sin duda, este paso adelante resulta fundamental para retener al bicampeón del mundo asturiano de cara a las próximas campañas del campeonato. Y es que, el piloto español exige un rendimiento inmediato para prolongar su estancia en una estructura que todavía no ha cumplido sus promesas de éxito. «Si ve que vamos en buena dirección estará comprometido a seguir detrás del volante«, sentencia Newey sobre el futuro del corredor.