La Selección Argentina cerró su preparación con un contundente 3-0 sobre Islandia, pero la mejor noticia para Lionel Scaloni no estuvo únicamente en el resultado
A una semana del debut mundialista, Argentina necesitaba una noche tranquila, ganar para tomar confianza y, principalmente, que no hubiera ningún lesionado. Lo logró.
La victoria por 3-0 ante Islandia permitió cerrar la preparación con buenas sensaciones, recuperar a Lionel Messi y ratificar una idea que la Selección viene construyendo desde hace años: sigue siendo un equipo capaz de resolver los partidos desde distintas herramientas, tanto con los suplentes como con los titulares.
Valentín Barco abrió el marcador en el primer tiempo. Más tarde, Messi ingresó desde el banco, provocó un penal con una asistencia a Lautaro Martínez y lo transformó en gol. Thiago Almada completó la goleada para una Argentina que dominó prácticamente todo el encuentro.
La noticia que esperaba Scaloni
Durante las últimas semanas, gran parte de la atención estuvo puesta en Lionel Messi. El 10 estaba con una molestia muscular sufrida con el Inter Miami y esto había generado preocupación en los hinchas y en el cuerpo técnico. No porque existieran dudas sobre su convocatoria, sino porque nadie sabía exactamente en qué condiciones llegaría al Mundial.
Por suerte, Messi ingresó en el segundo tiempo, participó activamente del juego, generó peligro cada vez que tocó la pelota y convirtió su gol. Más allá del penal, transmitió algo que muchas veces vale más que cualquier estadística: normalidad y con ganas de demostrar. En ningún momento se lo notó condicionado.
Y eso probablemente haya sido lo más tranquilizador para el cuerpo técnico argentino.
Argentina es un equipo que ya no depende de una sola figura
Durante mucho tiempo, cualquier análisis de la Selección Argentina comenzaba y terminaba en Messi, para bien o para mal. Lionel Scaloni cambió esa lógica desde su llegada.
Ante Islandia, el equipo mostró nuevamente que tiene múltiples caminos para generar peligro. Barco aportó profundidad, Almada volvió a demostrar que puede ser una pieza importante desde la segunda línea y los mediocampistas mantuvieron el control del partido durante gran parte de la noche.
La presencia del capitán sigue siendo determinante, pero Argentina ya no necesita que todo pase por él.
Y quizás esa sea una de las mayores fortalezas con las que llegará al Mundial.
El desafío empieza ahora
Los amistosos suelen ser engañosos, pero sirven para corregir detalles, recuperar futbolistas y sumar confianza. Rara vez permiten anticipar lo que ocurrirá cuando los puntos estén en juego.
Por eso la goleada ante Islandia debe interpretarse como lo que realmente fue: una señal positiva, no una garantía.
El verdadero examen llegará en el debut de la Copa del Mundo 2026 frente a Argelia por el Grupo J. Ahí comenzará la defensa del título.
Ahí aparecerán las presiones que acompañan a cualquier campeón del mundo y mucho más siendo Argentina. Un país que siempre quiere y necesita ganar.
Y ahí Argentina deberá demostrar que sigue teniendo el mismo hambre competitivo que la llevó a conquistar Qatar 2022.
