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El centrocampista español se ha convertido en el dueño del centro del campo del Arsenal y de España


El fichaje de Martín Zubimendi por el Arsenal no fue un movimiento mediático ni una operación de impacto inmediato. Fue algo mejor: una decisión futbolística inteligente. De esas que no generan demasiado ruido al principio, pero que con el paso de los meses terminan pareciendo evidentes. Hoy, visto su rendimiento, cuesta entender cómo había dudas sobre su encaje en la élite.

Zubimendi llegó a Londres para aportar equilibrio, orden y continuidad al juego. Y lo ha hecho sin estridencias, sin necesidad de adaptarse durante media temporada y sin esconderse cuando el contexto exigía personalidad. Desde el primer momento asumió el rol de pivote con naturalidad, entendiendo el ritmo de la Premier y convirtiéndose en una pieza clave de un Arsenal que aspira seriamente a ganarlo todo.

Su influencia va mucho más allá de lo táctico. El gol ante el Sunderland, el quinto ya con la camiseta gunner, sirve para desmontar uno de los clichés que siempre han acompañado a este tipo de futbolistas. Zubimendi no solo sostiene al equipo: también llega, también aparece en zonas decisivas y también marca. Su fútbol no es vistoso, pero sí determinante.

El centro del campo que forma junto a Declan Rice es, probablemente, el mejor de la Premier League esta temporada. Ambos se complementan a la perfección y, con la ayuda de perfiles creativos como Ødegaard o Eze, elevan el nivel colectivo del equipo. No es descabellado pensar que ese dominio se traslade también a la Champions League. El Arsenal compite desde el control del juego, y ahí Zubimendi es imprescindible.

Ese mismo patrón se repite en la Selección Española. La lesión de Rodrigo Hernández parecía un golpe difícil de asumir. Rodri no es solo un mediocentro, es el eje de todo el sistema. Sin embargo, Zubimendi respondió con solvencia. No intentó ser Rodri, sino ofrecer su propia versión: orden, criterio y equilibrio. España no perdió identidad y ganó una alternativa de máximo nivel. De cara al Mundial, todo apunta a que será el pivote titular. Y a este nivel, cuesta justificar lo contrario.

¿El Balón de Oro, una posibilidad?

Ahora mismo suena exagerado. Zubimendi no tiene el perfil mediático que suele acompañar a ese tipo de premios y su explosión llega relativamente tarde. Además, sus méritos todavía no han recibido el reconocimiento global que sí tienen otros futbolistas. Pero el fútbol es un deporte de contextos y títulos. Si el Arsenal convierte su gran temporada en trofeos y España responde en el Mundial, el relato cambiará.

Tampoco parecía lógico, hace no tanto, pensar que Rodri ganaría el Balón de Oro. Y lo hizo desde un rol similar, demostrando que los mediocentros también pueden ser protagonistas cuando su impacto es total. El precedente existe.

Quizá Zubimendi nunca llegue a levantar ese premio. O quizá sí. Lo que ya resulta indiscutible es que se ha asentado entre los mejores centrocampistas del mundo. Hace apenas unos meses dio el salto de calidad que su carrera necesitaba. Hoy manda en el Arsenal y apunta a hacerlo también en la Selección.