El Real Madrid dijo adiós a la Copa del Rey, pero con las botas puestas; tan solo un gol más les hubiera dado el pase a semifinales. Esta eliminación hace inviable el sueño de ganar el primer triplete de la historia


Hace tres semanas Zidane y los suyos acababan de batir el récord de 40 partidos consecutivos sin perder ante el Sevilla. De hecho, el técnico francés sumaba más títulos que derrotas y la peor racha conseguida fue la de cuatro partidos empatados. Por aquel entonces la derrota parecía estar a años luz de la atmósfera blanca. Ahora, lo único que parece estar a años luz es recuperar el buen nivel de antes.

El derrumbamiento está siendo más sustancial que el auge y eso ha propiciado que el Real Madrid haya registrado un bagaje desolador: una victoria en los últimos cinco encuentros. Ni si quiera con el cesado Rafa Benítez, el conjunto blanco sumaba un bache tan demoledor como este.

En Vigo el equipo visitante no apretó lo suficiente y pecó en exceso en los minutos finales del primer tiempo. Justamente de ahí nace un contraataque celeste donde Kiko Casilla ataja con solvencia, pero el rechace le cae a un Danilo gafado que venía en carrera y anotó un nuevo gol en propia. El brasileño pudo enmendar ese error, ya que entre su posición y la portería donde anota había 11 metros de distancia.

El planteamiento del entrenador blanco fue un acierto; un equipo que tiene que remontar un 1-2 está obligado a jugar con carrileros, con defensa de tres y sobre todo a volcar su juego por banda. Sin embargo, Zidane se equivocó a la hora de elegir las piezas. Ni Benzema, ni Casemiro, ni Danilo, entre otros, tuvieron su día; ese rendimiento mermó aún más a una plantilla que murió de pie, pero que no sirve de excusa para justificar el varapalo que supone esta eliminación. El colmo hubiera sido que en Vigo los jugadores del mejor club del Siglo XX hubiesen bajado los brazos, imperdonable. El Real Madrid se despide de la Copa del Rey, una competición que no gana desde hace tres años.

Foto: El País

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