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El español se marchó a estudiar hace más de una década a Noruega, desde entonces ha trabajado en los países nórdicos con distintos cargos: entrenador, asistente y preparador físico, tanto en equipos masculinos como femeninos


Rafael Roldán es un apasionado del deporte, y en especial del fútbol. Por ello, comenzó a formarse en ciencias de la actividad física y el deporte en Sevilla. Allí conoció a Bruno Uría, hijo de Rubén Uría, ayudante de Marcelino García Toral. En ese momento se dio cuenta de que quería dedicarse al fútbol.

En 2012 decidió marcharse a estudiar a Volda, una pequeña localidad noruega, y un viaje que le cambiaría la vida. Junto a Manu Torres, mientras estudiaba, comenzó a trabajar dentro del Volda TI Fotball, el club de la localidad, entrenando a las categorías inferiores. Debido al gran trabajo que estaba poniendo, tras finalizar sus estudios, y cuando tenía que regresar a España, el club le ofreció quedarse hasta finales de año, y él aceptó. A partir de este momento, los países nórdicos se convirtieron en su hábitat profesional.

Su trabajo fue tan bueno que el entrenador del primer equipo, que jugaba en la cuarta categoría del fútbol noruego, le llamó para formar parte del primer equipo como preparador físico, compatibilizándolo con otras categorías, y alzándose como campeones de liga. Tras esta primera aventura, pasó dos temporadas por el Bergsøy IL, donde se convirtió en uno de los primeros preparadores físicos en incluir la gestión de la carga con GPS en toda Noruega.

Su currículum no paraba de crecer, por lo que recibió la llamada del Hødd IL, un club histórico en Noruega, en el que, ya solo formando parte del primer equipo, era el preparador físico y uno de los entrenadores asistentes.

Tras solo una temporada, recibió otra llamada, esta vez, procedente de Suecia, para incorporarse al Östersunds FK. Allí volvió a cambiar su rol, compatibilizando el análisis y la preparación física, junto a otros compañeros. Logró una gran sexta plaza en su primera campaña. Sin embargo, tras unos años convulsos, tres temporadas después su carrera iba a dar otro giro.

Recibió una nueva llamada, esta vez, de un club histórico: el Hammarby. Allí arrancó como entrenador asistente del equipo femenino, uno de los mejores del país. Tras conseguir la permanencia en la primera temporada, en la segunda logró algo histórico dentro del club: el doblete de liga y copa. La copa se la llevaron ante más de 20.000 personas en la final, mientras que en liga, remontaron tras estar con siete puntos de desventaja.

Tras esta experiencia, ha entrenado a dos clubes históricos dentro del fútbol femenino sueco: Linköping y Rosengård.