BREAKING

Tras la destitución de Matías Almeyda, Luis García Plaza asume el banquillo del Sevilla con la misión de mantener al equipo en primera división


Se sigue haciendo raro hablar del Sevilla en términos de mantener la categoría, pero la situación del equipo los últimos años lo requiere. Después del mercado de fichajes del pasado verano no se hacía difícil imaginar que el Sevilla podía estar en estas circunstancias en marzo, la plantilla de nuevo dejaba mucho que desear para la institución que supone el conjunto hispalense, y pese a lo que me ha parecido un buen trabajo de Almeyda, la directiva se ha visto obligada a cambiar de entrenador para buscar una reacción en el equipo.

Creo que el técnico argentino ha exprimido casi al máximo la plantilla de la que disponía, las lesiones no han ayudado a ese proceso, pero la falta de talento individual en el equipo es evidente, y dentro de sus posibilidades, durante ciertos tramos de la temporada, si hemos visto a un equipo reconocible y competitivo. Pero la dinámica durante el 2026 no ha dejado alternativa a una directiva que no tiene otra herramienta en su mano para mejorar al equipo que los cambios de entrenador, porque dejan claro en cada mercado su incompetencia fichando jugadores.

Esta claro que la situación económica del club es muy delicada, por culpa de decisiones pasadas, con las que se asignaron salarios muy altos y se intentó asaltar el «big three» de LaLiga, el margen para moverse en el mercado ahora mismo es muy corto. La administración de del Nido Carrasco y Pepe Castro está llena de errores y decisiones incomprensibles para el beneficio del club, y todo ello hace que a falta de nueve jornadas el equipo esté a tres puntos del descenso.

Dicho esto, la opción de Luis García Plaza me parece la correcta a corto plazo, en su etapa en el Alavés ha demostrado ser capaz de manejar plantillas cortas de talento, simplificar la idea de juego y gestionar bien el grupo en puestos cercanos al descenso. Perder la categoría para el Sevilla supondría un golpe muy difícil de digerir para una afición acostumbrada a la élite europea en este siglo y para una directiva que no tiene margen de error alguno.