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Tras situarse líder en solitario el pasado 26 de enero en una de las ligas más apretadas que se recuerdan, el Real Madrid saltará a su campo para recuperar el liderato en el Clásico. Por otro lado, un Barça trabado por una mala planificación deportiva y conflictos internos, defenderá el primer puesto buscando la quinta victoria consecutiva en casa de su eterno rival


Recibir al eterno rival en casa: ¿un arma de doble filo?

Para cualquier equipo, como es lógico, jugar en casa es sinónimo de ventaja frente al adversario. Y más aún cuando recibes a tu eterno rival, cuando la afición más se entrega a los jugadores y más hostil es el ambiente para el contrario. No obstante, al igual que el Madrid suele mostrarse superior en el Camp Nou (Zidane nunca ha perdido en este escenario, con una victoria y tres empates en Liga, y una victoria en la Supercopa de España), el Barça se siente muy cómodo en el Bernabéu. Y tanto, que en esta ocasión busca su quinta victoria consecutiva, con Messi acostumbrado a inclinar la balanza hacia los suyos en el templo blanco. De hecho, el feudo blanco es donde más tantos ha realizado como visitante el astro argentino: 15 goles en 21 partidos.

En estos casos, el equipo visitante puede sentirse con ganas de demostrar en campo del eterno rival, mientras que los locales posiblemente se vean atenazados por la presión de llevar la iniciativa ante su público, lo que puede afectarles a la hora de ser precisos. Sin embargo, en esta ocasión los blancos pueden verse especialmente influidos por ese factor de la presión, ya que tras la derrota europea de este pasado miércoles ante el Manchester City, se juegan la temporada a una sola carta. Si en Liga a falta de 12 jornadas se sitúan a dos puntos del líder que les visita el domingo, con el 1-2 de la ida, la remontada en Inglaterra se les presenta muy cuesta arriba. Y todo ese cúmulo de desgracias son ya una losa con la que el Madrid tendrá que cargar para escalar el Everest que está suponiendo la temporada.

Con las dimensiones que dispone el Camp Nou, siendo más alargado, es más fácil que aparezcan los espacios y esto puede ser aprovechado por el Real Madrid para desarrollar un juego muy vertical de cara a portería. El Bernabéu, al ser un terreno más cuadrado, quizás beneficie al modelo del Barça, ya que le permite jugar más en corto con su estilo fetiche, tratando de monopolizar la posesión del balón.

¿Cuál de los dos equipos llega más tocado?

Ninguno de los dos equipos está atravesando su mejor momento. Hay que retornarse a otra década, con Cristiano Ronaldo ya fuera del Madrid y Messi en el ocaso de su carrera, para recordar temporadas en las que ni uno ni otro se muestre como claro aspirante a todo. Y es que el Real Madrid tiene la obligación de conquistar al menos un título, muy factible si recupera el liderato este domingo, ya que el año pasado se quedó en blanco tras pasar por la dirección de tres técnicos.

Uno de los elementos que más está influyendo en el plano juego que ambos conjuntos están mostrando, es el de las lesiones. Si Dembélé se ha roto para lo que resta de temporada y Suárez causará baja durante 2 o 3 meses por la decisión de pasar por el quirófano, Zidane apenas ha podido contar con su flamante fichaje estrella. El belga Eden Hazard, traído en verano con el objetivo de marcar diferencias, en primera instancia estuvo dos meses sin poder vestirse de corto tras lesionarse cuando mejor se encontraba en el campo. Y recientemente, en el partido frente al Levante de la pasada jornada, recayó por la misma lesión y prácticamente ya dice adiós a la temporada.

Zizou recuperó a gran parte de la plantilla con la que se proclamó campeón de liga y tricampeón de Europa. Pero nada más lejos de la realidad, el equipo sigue debilitado en determinadas posiciones. No es solo la posición de ‘nueve’ puro la que podría mejorar. Si el doble pivote liderado por Casemiro, junto al todocampista Valverde, sobre el que se sostiene el equipo podría estar acusando un exceso de minutos durante este tramo de temporada, Modric es otro jugador que no ha vuelto ser el mismo. Aunque es lógico que los años no perdonen, el problema podría estar en que no tiene un heredero en la plantilla.

El croata, sin un relevo natural de sus características, es el principal generador de fútbol: uno de los componentes más diferenciales de la plantilla y eje de la circulación del balón. A pesar de su notoria mejoría respecto al curso pasado, ya alcanza la avanzada edad de 34 años, y si Luka no está en su esplendor con el que elevó al Madrid a los altares, la creatividad de éste se resiente. El que más se le acerca es Isco, en cuanto a calidad diferencial y dinamismo en último cuarto de cancha. Pero el malagueño actúa más cerca del área y no le da la misma continuidad al juego que se produce desde más atrás. Por último, el caso que también llama la atención últimamente, es el de Carvajal. El canterano, dueño del lateral derecho desde el 2014, está más impreciso de lo normal tanto en ataque como en defensa.

La plantilla culé, muy desgastada

Por otra parte, si los que no consiguen ampliar sus vitrinas son los culés, el club entraría en estado de pánico, puesto que sería el único condicionante capaz de aliviar la crisis institucional que atraviesa. La crisis es menos crisis cuando Messi se pone a tono, como ya hizo con cuatro goles ante el Eibar. El club se encuentra inmerso en un cúmulo de despropósitos originados desde la Junta Directiva y el posterior cruce de declaraciones entre jugadores y directivos, con la planificación de una plantilla tan corta como uno de los puntos más candentes de la actualidad azulgrana.

Y realmente, así es, ya que los pesos pesados del vestuario ya superan la treintena, y no solo Messi o Suárez, con 32 y 33 respectivamente, sino Piqué con 33, Busquets con 31 o Jordi Alba, quien cumple 31 el próximo 21 de marzo, aunque hasta última hora será duda para el Clásico, pese a ser la gran sorpresa de la lista. Además, no pueden permitirse el lujo de descansar, porque el club no ha previsto refuerzos que les cubran las espaldas. Y con los pocos jugadores que lo han llevado a cabo, como De Jong o Griezmann, no están aportando el rendimiento esperado. Todo ello hace que el conjunto de Setién no brille sobre el campo e incluso sufra de manera habitual.

El Real Madrid, un gigante con puños de barro

Los grandes equipos suelen estar caracterizados por disponer sobre el verde a los atacantes más decisivos del planeta. Esos que no precisan de demasiadas ocasiones para determinar encuentros, y de los que sus equipos dependen especialmente en partidos de alcurnia como el que nos ocupa. No obstante, pese a que en muchos partidos de esta temporada el Real Madrid camina con pies de acero, es arriba donde le falta esa firmeza para que los partidos no se le diluyan sin remedio, como arena entre los dedos.

Zidane reconstruyó a su nuevo Madrid desde atrás, apoyándose en la solidez defensiva y solidaridad del colectivo. Aunque el técnico francés trate de recuperar esas facetas que le han llevado a encadenar 20 partidos sin perder, es difícil que consiga mejorar el factor del gol, ya que apenas tiene recursos para que así sea. Un dato esclarecedor respecto al gol que ha perdido el Madrid desde que se fue Cristiano Ronaldo, es que los 42 goles de diferencia que le saca el Barça desde entonces, es la misma cifra de tantos que lleva el portugués con la camiseta juventina. ¿Podrá ser Mbappé el encargado de recoger el testigo de Cristiano? No se sabe, pero al Madrid le urge que alguien esté capacitado para hacerlo…

Un Madrid sin pegada

Otra estadística sangrante que hiere a los de Concha Espina es la de Karim Benzema. En los últimos diez partidos, ha marcado un solo gol. Por eso deducimos que, ofensivamente, dependen en gran medida de un mediapunta o segundo delantero, como es el francés. Si bien también mete goles, no los suficientes. Puesto que su capacidad más desarrollada es moverse entre líneas para generar juego, crear espacios y asistir a los compañeros. Ya sea un delantero centro o jugadores que lleguen de segunda línea. No se puede pedir a un malabarista que sea un Killer. Porque cuando salta al terreno de juego, Benzema no tiene el gol entre ceja y ceja.

El Real Madrid carece de uno de esos jugadores que, aparte de realizar una alta cifra de tantos y aparecer en las grandes citas, haga retroceder líneas a los equipos rivales para así hacer un jaque a la defensa adversaria. Si vemos que Benzema es el máximo goleador con 18 goles en 34 partidos, y Rodrygo es el segundo con siete, nos damos cuenta de que el asunto no tiene vuelta de hoja.

En frente, el equipo blanco tendrá al otro astro dominador de la década, capaz de inventarse jugadas para driblar rivales, asistir o marcar él mismo. En ataque le acompañarán Griezmann, que aunque no se esté encontrando del todo cómodo en el campo, su calidad puede aparecer en cualquier momento, y posiblemente Braithwaite, el as debajo de la manga de Setién, ya que Zidane desconoce la manera de la que podría utilizarle en el campo. Entre ellas, podría estar la opción de recurrir a él como referencia ofensiva para fijar a los centrales, y que Messi o Griezmann tengan más espacio para maniobrar.

¿Obtendrá premio el gran esfuerzo realizado por el Madrid?

No obstante, la temporada quizás esté siendo demasiado dura con los madridistas, ya que también se han hecho muchas cosas buenas. Además de ser el equipo menos goleado de la presente campaña (17), los blancos han engrasado su maquinaria en la medular en partidos de entidad. Los blancos han plasmado un gran fútbol en choques como en el que visitó al propio Barça, cuando recibió al PSG en el Bernabéu o las exhibiciones de juego ofrecidas ante el Valencia esta temporada, aunque los resultados fueron muy dispares: 3-1 en las semifinales de la Supercopa y 1-1 en Liga, enmudeciendo el Madrid al Estadio de Mestalla con el empate logrado en el último suspiro.

Pero esa condición de bloque compacto se ha derrumbado durante este mes de febrero, catastrófico para los merengues. Y es que, además de no ser contundentes arriba, en los últimos cinco partidos han recibido lo mismo que han realizado: diez goles. Por lo tanto, perdieron esa inmunidad defensiva. Desde que fueran apeados en casa de la competición del caos, casi todo se convertiría en malas noticias. Tan solo han sumado cuatro puntos de los últimos nueve y también salieron derrotados en su competición favorita: la Champions League. En vísperas del momento crucial de la temporada, a todo el mundo le surge la misma pregunta. Y es la siguiente: ¿Será capaz Zidane de recuperar la mejor versión de su Real Madrid 2.0?

Twitter: @javilider_esp

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