El mundo del fútbol clama contra la Superliga, una competición propuesta por las élites que olvida la verdadera esencia de este deporte


Son las 6am, amanece en las favelas de Río. Un día más en la vida de tantos y tantos meninos sin futuro, que cuentan con la única distracción de dar patadas a un balón. Aún así ríen y se divierten jugando. Ellos sueñan con venir a Europa y triunfar como sus ídolos. Ganar un Mundial con Brasil o levantar la ‘orejona’ en el viejo continente.

Un camino casi imposible, a los que llegan muy pocos en el mundo, pero que mantiene viva la ilusión de quien no tiene nada más que hambre, miseria y una pelota.

Así nacieron los Rivaldo, Romario y compañía. Así nació el fútbol. Un deporte que es lo que es porque fue lo que fue. Un deporte que nació en barrios obreros y que está condenado al fracaso si olvidamos su esencia. Y la Superliga es sinónimo de olvidar su esencia y valores.

No hace falta ser un romántico del fútbol para entender esto. Los equipos no son nadie sin sus aficionados. Los que mandan no deberían ser otros que las personas enamoradas de este deporte, los que lo sienten, los que pagan una entrada por ver a su equipo. Este deporte es y tiene que ser del niño que sonríe al ver a su ídolo, ya sea Messi o un jugador del equipo que va a descender de categoría. El día que esto no sea así, ya no será fútbol, será otra cosa.

Siempre he dicho y defendido que el fútbol tiene un alto componente sociológico. Es el deporte rey, con todo lo que ello implica. En el lugar más recóndito de la Tierra seguramente no conozcan nada de España, pero conocerán al Real Madrid. Este poder conlleva una gran responsabilidad: la de dar ejemplo. Y la Superliga no lo da.

superliga

Si algo hace especial a este deporte es su competitividad, su meritocracia. Un equipo ‘pequeño’ puede soñar con hacer algo grande (aunque pocas veces ocurra). 11 vs 11 durante 90 minutos en los que puede pasar de todo. Bien, esto desaparecería con la Superliga.

A esta competición solo tienen acceso los que de una forma u otra tienen todo el poder. Y ojo, no digo que no se lo hayan ganado en el campo, ya que entiendo (y defiendo) que para ser el mejor tienes que trabajar más que nadie. Pero esto va mucho más allá. Va de exclusión. Va de solo unos pocos. Y el fútbol es de todos.

Por lo único que uno debe alegrarse de esta noticia es por el rechazo que ha generado en los verdaderos amantes de este deporte. Mención especial para los ingleses, quienes se han ‘levantado en armas’ en las puertas de los estadios para protestar. Si se consigue parar la Superliga será el triunfo del fútbol; si finalmente se acaba haciendo, una vez más habrá ganado el dinero.

Imágenes: Twitter

Twitter: @EmiHuertas_