Con José David Contreras como muralla en los penales y Jhonny Quiñónez encendiendo la esperanza, el cuadro torero escribió otra página que ya late en la memoria de su pueblo
Fue una de esas jornadas que se explican con una sola idea, 1% de posibilidades y 99% de fe. Así, contra todo pronóstico, Barcelona Sporting Club volvió a escribir una página dorada en su historia, esa que sostiene su condición de Ídolo de los ecuatorianos. No es un apodo casual ni una etiqueta heredada, sino un reconocimiento construido en noches como esta, cuando la adversidad pone a prueba el carácter y la convicción.
Solo quien siente la amarillo entiende lo que significa vivir 90 minutos con el corazón en la garganta, resistir cuando el panorama parece oscuro y, al final, celebrar como si el tiempo se detuviera. Son esas gestas las que transforman un partido en recuerdo eterno y a un equipo en un verdadero fenómeno popular.
El cuadro del Astillero no solo llegaba con la desventaja del 0-1 en casa ante Argentinos Juniors. Llegaba también con críticas, con comentarios malintencionados, con esos periohinchas que celebran derrotas ajenas y pedían a gritos la eliminación.
Pero el cuadro torero no es solo un equipo, es un fenómeno social; como se diría en nuestro hablar coloquial: “Cuando gana Barcelona SC, se acaba la cerveza; y al día siguiente hay que madrugar por el encebollado, porque no alcanza para todos”.
Eso significa que es más que fútbol. Tan grande fue la noche que hasta el lanzamiento de la nueva camiseta de la selección quedó opacado por lo que sucedía en «La Paternal».
El partido comenzó con intensidad. Al minuto 12, Nicolás Oroz marcaba para Argentinos, pero el VAR anuló el tanto por una mano previa de Emiliano Viveros. Fue el primer suspiro para el equipo torero. Sin un esquema perfecto, pero con corazón, Barcelona SC atacaba con los carrileros. Al minuto 29, Darío Benedetto probó desde fuera del área, pero el arquero respondió. El encuentro se volvió friccionado, de disputa constante, y empezó a crecer la figura de José David Contreras bajo los tres palos.
En el segundo tiempo, el “Bicho de La Paternal” detectó espacios por las bandas. Al minuto 50, Contreras salvó al equipo tras un potente disparo de Hernán López Muñoz, sobrino nieto de Diego Maradona. Pero al 63, César Farías movió el banco: ingresaron Martínez, Núñez y Villalba. Dos minutos después, al 65, Johnny Quiñónez sacó un remate desde fuera del área que terminó en el fondo de la red. La serie estaba igualada.
En la pausa de hidratación, Farías lanzó una frase que quedará grabada: “Cabeza fría, testículos calientes” y Barcelona SC mantuvo el resultado y ganó el encuetro 1-0, pero la serie obligó a la tanda de penales.
Ahí apareció Contreras. Para algunos, se disfrazó de Banguera o de Burrai, pero el guardameta venezolano está construyendo su propio nombre. Atajó el remate de Iván Morales y mantuvo viva la esperanza amarilla. Los fallos posteriores de Argentinos Juniors sellaron la clasificación, y así fue como se celebró en las gradas, junto a su hinchada que alentaba desde el lado donde se ejecutaron la penas maximas.
Ahora Barcelona enfrentará a Botafogo. La ida será el 3 de marzo en el Monumental y la vuelta el 10 en el Nilton Santos. Un viejo conocido aparecerá en el camino, el ex DT de Independiente del Valle, Martín Anselmi.
En el historial ante el cuadro brasileño, Barcelona SC suma un victoria y un empate en la recordada Libertadores 2017, aquella donde alcanzó la semifinal. En ese torneo ganó 0-2 como visitante con goles de José Ayoví y Jonathan Álvez, y empató 1-1 en casa.
Porque ayer el Ídolo no juega solo partidos, hizo recordar a muchos que juega capítulos de historia. Sufre, resiste y cuando lo dan por muerto, respira más fuerte y se levante. Anoche no solo ganó una serie; volvió a recordarle al continente que su grandeza no se mide en pronósticos, sino en carácter y grandeza.
