Los recientes casos de racismo dados entre la afición ‘perica’ nos obligan a escribir sobre estos hechos y las medidas adoptadas por el club catalán


17 de enero de 2020, una fecha señalada en rojo por todos los aficionados que tanto

foto vía instagram: @marega11

amamos este deporte. Fue el día en el que se demostró ante la atenta mirada del mundo entero como el racismo sigue vigente en nuestra sociedad y en los terrenos de juego. Aquel partido de la Liga Nos había sido especialmente feliz para el protagonista de estos hechos, Moussa Marega, delantero del Oporto que había anotado el gol que les ponía por delante en el marcador. Toda esa felicidad se desvaneció en un suspiro, cuando parte de los aficionados rivales le profirieron insultos de carácter racista durante el resto del partido. Ante esta constante, el jugador franco-maliense quiso abandonar el césped. Ni sus compañeros, ni el árbitro le arroparon en ese momento tan desagradable. Únicamente su entrenador salió en su defensa en la rueda de prensa.

Estos hechos podrían haber sido un punto de inflexión por parte de la LFP y de los clubes al poder gestionar posibles incidentes similares que se dieran en el fútbol español y de esta forma estar a la altura de su eslogan: “La mejor liga del mundo”.

La prueba de fuego no se hizo esperar ni una semana, en el encuentro entre Espanyol y Athletic. La previa del partido había estado marcada por las trifulcas dadas en los alrededores del RCD Stadium y todos pensábamos que eso sería lo más triste que nos depararía ese partido. ¡Qué equivocados que estábamos! La lacra del racismo volvió a hacer presencia, aficionados del Espanyol insultaron a Iñaki Williams desde el fondo de su odio e intolerancia.

Ante la magnitud de estos sucesos, la Liga y la RFEF propusieron como sanciones “el cierre parcial del estadio” o “un partido a puerta cerrada y una multa de hasta 50.000 euros”. El club espanyolista por su parte, ha declarado que “identificarán a los implicados” y “estudiarán las medidas oportunas”. La condena es extremadamente laxa en lo que respecta a este hecho. El racismo no tiene cabida en el fútbol y para poder luchar contra él y erradicarlo hace falta un castigo ejemplar que sirva como precedente.

Si bien pensábamos que estos hechos no se volverían a producir, por lo menos en lo respectivo al conjunto ‘perico’, nos equivocábamos de nuevo. Menos de un mes después de lo sucedido en Cornellà, un aficionado del Espanyol que se desplazó a Wolverhampton para ver el partido de Europa League que los enfrentaba contra los ‘Wolves’. El hombre de 24 años insultó de forma reiterada a Adama Traoré, jugador natural de Hospitalet del Llobregat de orígenes malienses. Ante estos hechos, todo el sector espanyolista lo expulsó del campo y se hicieron cargo las autoridades británicas. La gran mayoría de la afición desplazada demostró que aún hay esperanza y que se puede combatir esta lacra que intoxica el fútbol.

En pleno siglo XXI es vergonzoso que se den casos similares a los aquí explicados en el fútbol y en nuestra sociedad. La lucha para frenar esta enfermedad empieza en las calles y en la concienciación social. Debemos inculcar a los más pequeños los valores de la tolerancia y la comprensión. Desde este humilde artículo pedimos tolerancia cero contra los intolerantes y una actitud firme a la entidad espanyolista frente a estos hechos.

Foto: Instagram- @athleticclub
Twitter: @ErosGHervella