Tras certificar su pase a la final hace apenas unos días frente al Barcelona, repasamos la travesía rojiblanca que comenzó con sufrimiento en las islas y alcanzó su clímax con una goleada histórica frente al Betis
La euforia desatada en el vestuario madrileño hace apenas unas noches no es fruto de la casualidad, sino de un viaje de resistencia que ha durado meses. El Atlético de Madrid ha sellado su pasaporte para la final de Sevilla tras un trayecto que ha combinado momentos de brillantez absoluta con el sufrimiento más puro.
Este pasado martes, el equipo demostró que sabe habitar en el límite cuando la situación lo requiere, validando un camino que empezó lejos de los grandes focos. Sin embargo, para entender cómo el bloque de Simeone ha llegado a las puertas de un nuevo título, es necesario rebobinar hasta los primeros pasos de esta aventura.
Un largo camino: del susto inicial a la pegada de los elegidos
Todo comenzó en el Estadio Balear, donde el Atlético de Madrid comprendió de inmediato que la Copa del Rey no regala nada a los favoritos. Aquel estreno en dieciseisavos fue una batalla de idas y venidas donde Griezmann y Raspadori tuvieron que salir al rescate ante un rival que nunca bajó los brazos. Con esto, y gracias a una intervención salvadora de Juan Musso deteniendo un penalti en el minuto 80, el equipo evitó un naufragio que habría cambiado el guion de toda la temporada.
La travesía continuó con una parada técnica en Riazor, donde el oficio se impuso a la nostalgia de un duelo con sabor a Primera División. En tierras gallegas, un destello de calidad de Griezmann de falta directa bastó para derribar el muro del Deportivo y seguir avanzando con paso firme hacia los cuartos de final. Así, el grupo fue ganando en confianza, preparándose para el que sería, sin duda, el punto de inflexión futbolístico de este viaje: la visita al Real Betis.
En Sevilla, ciudad que volverán a pisar en abril, los rojiblancos firmaron una de sus mejores noches de los últimos años al arrollar al Betis por 0-5. Fue un despliegue de recursos donde marcaron Hancko, Giuliano, Lookman, Griezmann y Almada, demostrando que el fondo de armario era capaz de producir un fútbol total. Con este golpe de autoridad sobre la mesa, el Atlético dejó de ser un simple aspirante para convertirse en el gran lobo de la competición.
El peaje de las semifinales y el horizonte de La Cartuja
La penúltima parada de este viaje ha sido una eliminatoria de alto voltaje contra el FC Barcelona que se resolvió hace unas horas en un escenario de máxima presión. El primer asalto en el Metropolitano fue un vendaval de goles donde el 4-3 definitivo dejó claro que el intercambio de golpes favorecía la pegada de Julián Álvarez y Lookman. Sin embargo, la ventaja era mínima y obligaba a un ejercicio de supervivencia en la ciudad condal que pondría a prueba la madurez del vestuario.
El partido de vuelta en el Camp Nou supuso el momento de mayor zozobra de toda la Copa, con un Barça que llegó a ponerse 3-0 arriba gracias al empuje de los jóvenes valores azulgranas. A pesar del resultado adverso en este segundo encuentro, el valor de lo cosechado en la ida permitió al Atlético mantener el tipo y certificar su clasificación global para la gran final. Con esto, el equipo de Simeone completa un círculo de esfuerzo que encontrará su destino final el 18 de abril ante la Real Sociedad.
El viaje a La Cartuja ya es una realidad tangible para una afición que todavía celebra el éxito cosechado este martes en Barcelona. El trayecto ha dejado héroes por el camino, desde las paradas de Musso en las islas hasta la omnipresencia de un Griezmann que ha liderado cada etapa de este periplo. Ahora, con el billete en la mano y la experiencia de haber superado todas las tormentas posibles, el Atlético de Madrid se prepara para el último y definitivo asalto por el trono copero.
