Boca Juniors quedó afuera de la Copa Libertadores frente a Atlético Mineiro a través de la tanda de penales, pero en los 90 minutos el árbitro uruguayo Esteban Ostojich, a instancias del VAR, decidió anularle un gol por una milimétrica posición adelantada. La tecnología en el fútbol influye para bien, pero también influye para mal


El VAR llegó al fútbol con cierta resistencia del sector más conservador, pero de alguna manera intentó darle más transparencia y, de alguna manera, corregir errores arbitrales con el fin de impartir justicia y equidad. Sin embargo, no hay criterios unificados, tampoco una comunicación clara y el tiempo de demora en el que el árbitro principal va a revisar la jugada en cuestión predispone a la suspicacias constantes.

Antes que nada cabe definir los parámetros de sanción. Un offside es offside, sea un metro o un milímetro. Resulta inviable discutir cuestiones elementales y reglamentarias. En ese sentido el VAR llegó para facilitarle al árbitro una herramienta útil a la hora de corregir sobre la marcha. Sin embargo, resulta necesaria y urgente que los audios entre el juez principal y los encargados del VAR sean transmitidos en vivo y en tiempo real para el público, periodismo y los protagonistas. Hay una falla enorme en la comunicación y en muchos casos el fútbol se transforma en un juego de adivinanzas. 

Por otra parte, el tiempo de espera en el que el juez decide ir a revisar la jugada al VAR y luego decide sancionar es enormes. Un grito de gol puede ser celebrado por jugadores, cuerpo técnico e hinchas, pero a los 5 minutos o más puede ser invalidado. Este tiempo de espera desnaturaliza por completo el juego y atenta contra lo más sagrado que tiene el fútbol: la pasión. El momento de mayor emoción es el grito sagrado y la frustración que produce el festejo en vano es un daño enorme.