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El Metropolitano decide el futuro europeo del Atleti ante un Brujas que busca la sorpresa

El Atlético de Madrid busca el pase a cuartos de final tras el vibrante 3-3 de la ida, confiando en su fortaleza como local frente a un Brujas que llega sin el sancionado Onyedika


Las inmediaciones del Metropolitano aguardan con calma tensa el inicio de una tarde que marcará el destino europeo del conjunto rojiblanco. El ambiente de las grandes citas continentales comienza a percibirse en Madrid, donde el Atlético de Madrid se juega su continuidad en la máxima competición. Es una jornada de preparativos y nervios contenidos tras el frenético intercambio de golpes que supuso el partido de ida en tierras belgas.

La igualdad es la nota dominante en una eliminatoria que parte desde un empate a tres goles totalmente abierto para ambos bandos. No obstante, el contexto favorece ligeramente a los locales por el empuje de su gente y un historial reciente que invita al optimismo moderado. Con esto, el césped del Metropolitano se convertirá en unas horas en el escenario de un examen definitivo que no admite errores.

La fortaleza del Metropolitano contra la irregularidad visitante

El Atlético de Madrid llega a este compromiso de vuelta con la seguridad que otorga haber convertido su estadio en un fortín durante la presente campaña europea. Los números avalan el desempeño de los hombres de Simeone en casa, donde han sumado nueve puntos de doce posibles gracias a tres victorias contundentes. Sin embargo, el recuerdo de la derrota frente al Bodo Glimt sirve como aviso preventivo para evitar cualquier exceso de confianza ante un rival que no tiene nada que perder.

La capacidad goleadora del equipo madrileño en su casa es notable, con once tantos a favor en solo cuatro encuentros disputados ante su público. Victorias de prestigio ante rivales como el Inter de Milán o el Eintracht de Frankfurt refuerzan la idea de que el Atleti sabe gestionar la presión de los minutos finales. Así, el planteamiento inicial buscará dominar el ritmo del juego desde el pitido de Clement Turpin para inclinar la balanza antes de que aparezcan las dudas.

Por su parte, el Club Brujas afronta el reto con la necesidad imperiosa de mejorar sus prestaciones lejos de su estadio en la Champions League. Su balance como visitante este curso es discreto, habiendo cosechado tres derrotas en cuatro salidas y encajando una media de dos goles y medio por partido. Aun así, la victoria lograda en Kazajistán frente al Kairat Almaty demuestra que el bloque belga posee herramientas para castigar a cualquier defensa si se le concede espacio.

Un pulso táctico marcado por las ausencias y la historia

La estadística histórica entre ambos clubes no podría ser más equitativa, con tres victorias para cada bando y tres empates en sus enfrentamientos previos. El partido de hoy no solo otorga el billete a la siguiente fase, sino que servirá para romper este empate técnico que define una rivalidad europea muy repartida. Con esto en mente, el cuerpo técnico rojiblanco deberá recomponer un centro del campo afectado por las bajas de piezas importantes como son Pablo Barrios y Nico González.

La ausencia de Barrios supone un contratiempo en la circulación de balón, aunque el buen momento de forma de Álex Baena y Johnny Cardoso ofrece garantías en la zona ancha. En la parte ofensiva, la mirada está puesta en Julián Álvarez, máximo artillero del equipo en la competición, y en la jerarquía de Antoine Griezmann. El argentino ya demostró su sangre fría en el partido de ida al transformar un penalti que inició la cuenta anotadora para los madrileños.

Por su parte, el Brujas también llega condicionado por las ausencias, destacando especialmente la baja por sanción de Onyedika, pieza clave en el equilibrio del medio campo belga. El técnico visitante tendrá que buscar alternativas para frenar las incursiones de Marcos Llorente y el desequilibrio de Ademola Lookman por banda. Por consiguiente, el protagonismo de veteranos como Hans Vanaken y el olfato goleador de Nicolò Tresoldi serán fundamentales para intentar asaltar un estadio que hoy será una olla a presión.