Se esperaba un lleno total ayer por la tarde en la Rosaleda y así fue. Cientos de niños y niñas disfrutaban del Málaga-Espanyol. La hora era la propicia para ello, las cuatro de la tarde, un sol espléndido que, con el paso del partido, se fue apagando poco a poco, más o menos como el juego de ambos equipos. Sin chispa, sin velocidad y muy trabado. Así podríamos definir lo que deparó el choque en Málaga.

Cierto es que el Málaga, desde el minuto uno, salió a morder. Sin llegar mucho pero dominando el encuentro. Todo cabía presagiar que el partido no tendría mayores complicaciones para sacar los tres puntos pero no fue, ni mucho menos, así. La primera ocasión no tardó mucho en llegar, jugada que fabricaron Cop y Charles y remata el brasileño fuera, esto fue a los cinco minutos de partido. Poco después vendría el primer gol del partido tras un saque magistral de esquina del prometedor Marco Asensio que Diop remató a placer entre la pasividad de tres defensas malaguistas. La Rosaleda no lo podía creer, el equipo españolista, sin haber llegado a portería, se adelantaba en el electrónico.

La afición se impacientaba. El Málaga no estaba ofreciendo su mejor versión y tuvo que ponerse las pilas. Un equipo con ansiedad, miedo y sin rumbo. La defensa se resquebrajaba en cada jugada, no llegaban las coberturas defensivas. La creación de juego se limitaba a pegar el pelotazo para que Cop o Charles bajase el esférico y abriese las bandas. Arriba Juanpi y Chory lo intentaban, pero los laterales malaguistas se quedaban atrás en tierra de nadie, no desbordaban por la línea de cal. Mientras tanto, el Espanyol parecía pasárselo bien. Replegado atrás el equipo entero, achicando balones y corriendo al contragolpe, que más de un susto pudo ocasionar. A 15 minutos para el descanso, la reacción del equipo local se pudo palpar. Avisó Charles en el 29′ con una volea que se marchaba fuera y tres minutos después era su compañero, el croata Cop, quien mandaba un testarazo por encima del larguero. Seguía apretando, Javi Gracia desde el banquillo empezaba a dar instrucciones cada vez más insistente. Hasta que en el 43′ sonrió la fortuna. Penalti, muy dudoso, sobre Juanpi cuando se metía en el área y Cop transformaba el empate a uno. Los aficionados, y el propio equipo, se quitaban un peso de encima. El partido llegaba al final del primer tiempo con un tranquilizador 1-1.

La segunda mitad mejoró al Málaga por completo. Ahora sí combinaba, también los laterales se sumaban al ataque y el equipo generaba juego. Miguel Torres, lateral zurdo, dejaba su hueco a Ricca que se estrenaba en la Rosaleda como jugador del equipo blanquiazul (recordemos que debutó como titular ante la Real Sociedad). Chory Castro chutó a los cinco minutos de la reanudación y el balón se fue relamiendo el poste. Levantó a la grada, porque parecía que el 2-1 estaba más cerca. Pero es cierto que pocas fueron las ocasiones claras. Lo intentó Atsu, sin éxito. Los pericos, así denominan al RCD Espanyol, se limitaban a no querer tener trato con la pelota, y a la más mínima oportunidad, jugaban con el pelotazo. Sólo un tiro a puerta en 45′ es lo que se puede resumir de los visitantes en la segunda parte. El Málaga se dejaba querer, tenía todo el protagonismo y los ingredientes necesarios para firmar un final feliz y tener la competición europea a tiro de cañón. Bien es cierto que esto no ocurrió si no fuese por Pau López. El meta barcelonés realizó una soberbia parada en el descuento a Charles que se quedó mano a mano con el portero y este paró con mucha solvencia el chut. Se fue a saque de esquina. El técnico malaguista con las manos en la cabeza, los jugadores, afición, periodistas… No lo podíamos creer. Finalizaba el partido y el Málaga seguía a 8 puntos del Athletic de Bilbao, que es 7º y esa plaza da derecho a jugar en Europa. Ocasión desperdiciada y no se sabe si, hasta final de temporada, habrá más oportunidades de este calibre.

 

 

 

Foto: malagacf.com

Escrito por: Carlos Hernández

Twitter: @Carlos_hg93

 

 

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