Rivales como el Celta pueden convertirse en una pesadilla, o sino que se lo digan a Zidane. Anoche, el Real Madrid consiguió salir ileso de un encuentro que tuvo de todo. Desde intriga hasta intensidad, haciendo escala en goles de bella factura como por ejemplo el de Orellana. El buen hacer de equipo vigués no fue un golpe de suerte, todo lo contrario, es una señal inequívoca de que el trabajo ha sido formidable. A mi parecer, el Celta firmó uno de los mejores encuentros que se recuerdan en el templo blanco hasta la fecha. El cabecilla de la hazaña tiene nombre y apellido: Manuel Eduardo Berizzo (46 años, natural de Argentina). Su equipo estuvo imparable e incluso llegó a titubear al actual líder de la competición doméstica, todo un logro, más aún, si recordamos que el vigente campeón de la Champions League venía de golear a la Real Sociedad en Anoeta.

Tampoco debemos olvidarnos del positivismo que transmite Zidane. En menos de un año ya ha contagiado a todo el madridismo de alegría. Su Madrid está dotado de una personalidad distinta e innovadora, un gesto genuino muy a la francesa. Acabadas las alabanzas, aparecen los errores, porque su rival de ayer, lejos de acobardarse, estuvo a punto de asaltar un Santiago Bernabéu que rondaba los 28 grados de temperatura. Entre tanto calor, normal que de vez en cuando brotasen pequeños rifis rafes entre los futbolistas.

Pese a sufrir más de la cuenta, el Madrid, a expensas de los partidos que faltan por disputarse, se coloca como líder virtual de la flamante Liga Santander. De momento solamente saben sumar puntos de tres en tres, pero nadie puede negar que los pupilos de Berizzo dieron la voz de alarma: un pueril encuentro te puede sacar de la competición de manera prematura.

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