El Sevilla no le puso las cosas fáciles a un irreconocible Real Madrid. Los de Zidane tuvieron que sudar la camiseta más de la cuenta para sentenciar una eliminatoria que, a priori, parecía estar resuelta. Karim Benzema puso el broche final a una noche de ensueño por medio de una auténtica obra de arte, acrecentando así el nuevo récord de Zidane de 40 partidos sin perder, casi nada.

Al margen del resultado, aquí la jugada polémica del partido. El capitán madridista instauró el 3-2 por medio de un penalti lanzado a lo panenka. Un detalle que, evidentemente, no gustó nada a la que fuese su hinchada durante más de 10 años. Como ustedes ya saben, el sevillano le dedicó el tanto a los ‘Biris’ -grupo radical del conjunto hispalense- y pidió perdón al resto de aficionados.

Ramos, como buen profesional que es, se equivoca. No hay más. Si esa reivindicación hubiese sido fuera de los terrenos de juego, no estaríamos hablando de un error. Los futbolistas están expuestos a una gran presión y es por eso que a veces pierden los papeles, ahora bien, Sergio no deja de ser un trabajador como cualquier otro y acciones contra el consumidor deberían estar prohibidas. Aunque le han hecho mucho daño, debió dejar sus problemas personales a un lado y centrarse solamente en su equipo.

Sin embargo, también hay que analizar la otra cara de la moneda. Ramos se equivoca, pero no es el único que lo hace. El capitán del Real Madrid siempre ha reconocido ser sevillista, una confesión que ha desembocado de manera injusta en insultos, especialmente para su madre. Cuando alguien que quieres es ajeno al asunto pero está inmerso en el mismo, es normal que uno se guíe antes por su corazón que por su deber profesional. La celebración está fuera de lugar, pero hizo lo que pensaba de una manera ‘limpia’, sin insultos, sin peinetas, sin violencia, ya hubiera sido el colmo, pero cosas peores hemos visto. Esta historia solamente acaba de empezar…el domingo tendremos el segundo capítulo.