La figura de Isco se ha realzado sobremanera. El malagueño se ha convertido en el líder indiscutible de la Selección española y tira del carro en el Real Madrid. Muchas veces discutido, la constancia ha servido como pócima al mediocampista para convertirse en lo que es en la actualidad


El de Arroyo de la Miel siempre ha nadado en contracorriente. Tanto en su club como en La Roja. Pero su fútbol es de esos que gusta. De los que hacen que te levantes del asiento, seas del equipo que seas. No hacía falta ser un Einstein del fútbol para darse cuenta desde el primer minuto en el que le veías. No obstante, siempre se le ha discutido. Y siempre ha estado infravalorado. Porque somos así de especiales en España: algunos premian el rigor a la novedad, aunque esta acarree algún fallo. Con la complexión encorvada del malagueño, ¡quién diría lo que esconde! El regate, la asistencia, el gol. La presión incansable, la pausa, el toque. La mejora en la toma de decisiones y su afán de liderazgo en cada césped que pisa ha sido lo que ha terminado de encauzar la carrera del jugador del Real Madrid.

Al igual que la música, el malagueño expresa aquello que no puede decirse con palabras pero que por el bien general no ha de quedarse en silencio. Como en cualquier melodía, el juego de Isco tiene diferentes notas. Ocurre como cuando oyes tu canción preferida. Te relajas, sabes que todo va a fluir mejor, que la libertad se apodera de tu persona, que cabe el disfrute.

Todo ello, acompañado de sus 25 años: Liga, Copa, Supercopa de España, 2 Mundial de Clubes, 3 Champions y otras tantas Supercopas de Europa. Con un fútbol que está encaminado a multiplicarse exponencialmente y un carisma ganado para potenciar todo lo que conecte. Con la ilusión del chaval que llegó desde el Málaga al Real Madrid para convertirse en lo que ya es real: uno de los mejores del mundo.

Foto: Twiter Isco Alarcón

Twitter: @RadaRodriguez1