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La derrota sin paliativos ante el Bayern de Munich (2-8) es el fiel reflejo de la temporada del Barça


La humillación sufrida por el equipo culé en manos de la apisonadora alemana volvió a demostrar las carencias de un club que desde hace mucho tiempo vive una crisis deportiva e institucional.

Mala planificación

Todo empezó a torcerse incluso antes de empezar la competición, la pretemporada culé tendría dos giras internacionales, una a Japón y otra a EE.UU, con un Gamper entre medias. Algunos jugadores cuestionaron esta política de viajes donde apenas tuvieron tiempo de prepararse de manera correcta para el inicio de la temporada.

Mientras el equipo iba de una punta del mundo a otra, la directiva intentaba, sin éxito, la vuelta de Neymar Jr a Barcelona, un culebrón veraniego donde también se encontraba el Real Madrid y que terminó con el astro brasileño quedándose en Paris después de que el Barça ofreciese a tres jugadores (Dembelé, Todibo y Rakitic) y más de cien millones.

A pesar de ello, el club incorporó a dos jugadores de reconocido nivel, el joven centrocampista holandés Frenkie de Jong (75 millones) y al campeón del mundo, y jugador estrella del Atlético de Madrid, Antoine Griezmann (120 millones).

No solo hubo entradas, como era de esperar, también hubo salidas, la más notoria fue la de Philippe Coutinho que tras apenas estar una temporada y media, y ser el fichaje más caro de la historia del club (160 millones), se marchaba cedido al Bayern de Munich, el mismo que casi un año después ha endosado ocho goles a su ex equipo siendo Coutinho el autor de un doblete. Surrealista.

Sin juego y sin ideas

El club catalán comenzaba la temporada con Valverde de entrenador. El ‘Txingurri’ estaba bastante cuestionado tras la segunda debacle consecutiva en Champions, primero fue en Roma y después en Anfield. Las dos ligas consecutivas que había conseguido eran el único argumento que le sostenía en el banquillo. Era lo único que le sostenía porque el futbol que realizaba el Barça llevaba muchos meses sin brillo y sin alegría. Nostálgicos de un fútbol que enamoró al mundo, el juego del equipo era muy previsible y se aferraban a las genialidades de Messi y a las paradas de Ter Stegen. Los dos destacados de esta temporada. Ninguno más.

Y dependiendo, sobre todo, de estos dos pilares, los problemas llegaron nada más empezar la temporada, de los primeros cincos partidos de liga, el Barça obtuvo dos victorias, dos derrotas y un empate, siendo incapaz de ganar fuera de casa.

 Nuevo entrenador, mismo problema

Los meses pasaron hasta llegar a Enero cuando en la supercopa de España el Barça perdía 2-3 contra el Atlético de Madrid. Esta derrota se unía a los tres empates de los últimos cuatro partidos y hacían que Ernesto Valverde dejase de ser entrenador del primer equipo. El primer objetivo de la directiva era traer a Xavi ‘El deseado’ posiblemente para calmar las aguas en Barcelona, pero el propio Xavi, cuyo sueño es entrenar al equipo de su vida, se dio cuenta de que no era el momento.

Finalmente el elegido fue Quique Setíen, un enamorado confeso de la filosofía de Johan Cruyff y el admirador numero uno de Leo Messi. Su manera de ver el futbol se identificaba en cierta manera con el ADN Barça. Pero nada más lejos de la realidad, todas las promesas que prometió se hicieron añicos en menos de un mes.

El juego del equipo era muy similar al que realizaba Valverde y ocurría lo de siempre, 25 minutos de buen juego eran suficientes para llevarse los tres puntos. Pero en otros partidos no. Así fue como el Barça caía en el 90’ contra el Athletic de Bilbao en Copa del Rey (1-0), por un Valencia en reconstrucción (2-0) o por un Real Madrid muy limitado en comparación con otros años (2-0).

Ni el parón por la pandemia sirvió para cambiar las cosas, es más, lo empeoró. El equipo empezó la vuelta a la competición líder a dos puntos del Real Madrid y acabó segundo a cinco puntos siendo incapaz de ganar a rivales de peso como el Sevilla (0-0), Atlético de Madrid (2-2) o Celta de Vigo (2-2).

La plantilla del Barça la más ‘vieja’ de Europa

El hecho de ganar el triplete en 2015 sirvió para seguir confiando en una base de jugadores ya experimentados y cada vez más veteranos cuyo rendimiento, obviamente iba a ser cada vez menor: Jordi Alba, Busquets, Piqué, Suárez, Rakitic. Todos ellos superan ya la treintena, al igual que la media de la plantilla que en muchos partidos ha sido de 30,4 o 30,7 años.

Este hecho es un síntoma claro del desgaste del equipo, estos jugadores no son los mismos que ganaron la Champions en Berlín y ni mucho menos los que estuvieron en la época dorada con Pep Guardiola como son Piqué o Busquets. No son los mismos solamente por el físico sino por el hambre de ganar títulos. Ya lo dijo Gerard Piqué al acabar el partido contra el Bayern, Necesitamos sangre nueva”. Una clara demostración de que el equipo necesita un gran lavado de cara si quiere volver a ser competitivo en Liga y en Europa.

A esto hay que sumarle la lesión de un  jugador clave que no ha rendido en momentos muy importantes de la temporada como Ousmane Dembélé (105 millones). El ex del Dortmund que venía para olvidar a Neymar Jr lleva ya tres temporadas en la ciudad condal y nunca ha dado sensación de estar al 100%. El francés lleva desde noviembre sin jugar y no es la primera lesión grave que lo deja fuera de los terrenos de juego.

Roma, Anfield y Lisboa

El aficionado culé jamás pensó que viviría algo igual después de Roma (3-0), pero al año siguiente tras la debacle de Anfield (4-0) juraría que nunca en su vida vería una humillación de ese calibre. Hasta que llegó Lisboa y un tal Bayern de Munich que arrolló con todo, impasible ante la humillación histórica que estaba propinado al Barça   (2-8).

Son tres fracasos históricos, tres años seguidos y en los tres se ha visto lo mismo, un equipo hundido, muy vulnerable en defensa incapaz de reaccionar ante la lluvia de goles que estaba sufriendo e inoperante en ataque. En los tres partidos se vio un equipo sin alma, cabizbajo, esperando un milagro que jamás llegaría. Son tres partidos, tres lugares, que siempre quedarán en la memoria de cualquier culé.

Fin de ciclo, cambios urgentes

Todo lo que hemos comentado anteriormente, tiene muchas posibilidades de que pueda volver a repetirse si no hay un gran cambio estructural en la entidad catalana. Josep María Bartomeu, presidente del club, debe de ser consciente de que su tiempo se ha acabado, debe dimitir ya. Este debe ser el primer gran paso a dar si el equipo quiere salir del fondo del pozo en el que se encuentra.

A partir de ahí, se debe plantear cual fue el modelo que hizo al Barça grande y ese fue el de apostar por la cantera. Riqui Puig y Ansu Fati han demostrado este año que tienen nivel, y sobre todo, ganas para estar en el primer equipo y ser titulares. A ellos se les debe sumar otros jugadores del filial como Monchu o Collado junto a las jóvenes promesas fichadas como Pedri y Trincao.

Para ello debe de estar a las ordenes del equipo un entrenador que conozca la casa y que apueste por los jóvenes así como tener la capacidad de tomar decisiones difíciles como es la de ‘sacrificar’ a varias vacas sagradas del equipo. Ya lo hizo Guardiola con Ronaldinho o Deco y subiendo al primer equipo a jugadores como Busquets, Piqué o Pedro.

Se debe apostar por este modelo porque este es el ADN del F.C Barcelona. Una base de jugadores formados en casa y el hambre de ganar títulos fueron una de las causas principales por la que el Barça reinó en Europa.

El camino a seguir ya está trazado ahora solo falta que, la gente que tiene la potestad de realizarlo, lo hagan. De lo contrario, años oscuros se esperan en Can Barça.

Foto: FC Barcelona

Twitter: @andrestomasr

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